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Todos los caminos me llevan a ti

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CAPITULO 5

Cerré la puerta del taxi y miré por la ventanilla. Me despedí de Mike con la mano y miré hacia delante. Le pedí al taxista que me llevase hasta el edificio de apartamentos, en el que compartí piso con Chris, hacía ya casi cuatro años.

 

Durante el tiempo que vivimos allí, me sentí muy a gusto. Guardaba buenos recuerdos y deseaba poder encontrar un lugar parecido por la zona, de no haber apartamentos libres.

 

Estaba llegando al sitio en cuestión, cuando mi teléfono sonó. Me sobresalté al escuchar su melodía, dentro de mi bolso. Al abrirlo, me llevé una desagradable sorpresa al ver quién me llamaba. Era Gabriel. Le di al botón de colgar, en lugar de dejarlo sonar, para que éste se percatase que su llamada no era bien recibida, pero aún así insistió unas cuatro veces. Decidí que en cuanto pudiese cambiaría de número. No quería recibir más llamadas ni de Gabriel ni de Chris.

 

Cuando bajé del taxi ya había oscurecido. El taxista me ayudó a cargar las maletas hasta el hall del edificio, y una vez que lo tuve todo conmigo, pagué la factura.

 

En la recepción no había nadie y tuve que esperar unos minutos para ser atendida. En cuanto salió el portero y me vio, me reconoció. Me sorprendió que después de tanto tiempo todavía me recordase. Tuve suerte y conseguí un apartamento. Por fortuna, no fue el mismo que había estado compartiendo con Chris, ya que éste me traería demasiados recuerdos.

 

Al entrar, todo estaba sumido en la más absoluta oscuridad. Encendí la luz y vi que se parecía mucho al que había ocupado con anterioridad, pero este, tenía la ventaja de ser totalmente exterior y estar muy bien iluminado. Durante el día, el sol entraría por cada ventana y haría la estancia más cálida. Me acerqué hasta un enorme armario y comencé a desempaquetar todas mis pertenencias.

 

A las diez de la noche ya había terminado. Puse la foto, que había guardado con anterioridad, sobre la mesita de noche, y suspiré al ver a Chris. Me percaté que en la mesa de la sala había un marco de madera, con una vieja postal de un paisaje campestre. Le di la vuelta al marco, y tras abrirlo, retiré el dibujo y puse otra fotografía en la que estábamos Chris y yo en la playa. Esa foto era, junto con la de la mesita de noche, mis preferidas.

 

Quizás, al darle un toque personal al apartamento, pudiese parecer que pensaba establecerme allí, pero no había cambiado de opinión. Era sólo que deseaba, el tiempo que permaneciese allí, sentirme como en casa.

 

La primera noche que pasé en el apartamento no conseguí dormir. Extrañaba la cama en la que había dormido los últimos años, y además, el apartamento me hacía sentir incómoda. Pensé en Chris una y otra vez. No podía olvidar lo que nos había ocurrido. Por una parte, deseaba llamarle por teléfono y rogarle que viniese a buscarme; besarle en los labios y entregarme a él como la noche anterior, y por otro lado, pensé que eso sería muy cruel ya que en estos momentos debía estar triste por cómo le había tratado, y más aún, si se había enterado, por Mike, de mi marcha.

 

Eran las tres de la mañana cuando sonó el teléfono. Me levanté de un salto de la cama, asustada, y me acerqué a ver de quién se trataba, a aquellas horas tan intempestivas. No podía creerlo. Era de nuevo Gabriel. Abrí el teléfono y, sin esperar a que él hablase, le pedí que dejase de llamarme y se olvidase de mí, de una vez por todas. Si no lo hacía, iría a denunciarle a la policía por acoso. Tras esto, colgué el teléfono y suspiré.

 

Habían pasado dos semanas desde que había vuelto a Australia y continuaba llamándome. No podía comprender por qué lo seguía haciendo. Estaba intentando tranquilizarme, cuando el teléfono volvió a sonar de nuevo. Las lágrimas se escaparon de mis ojos, debido a la frustración y lo descolgué, sin mirar siquiera de quién se trataba.

 

-      Quiero que me dejes en paz y que olvides que este número de teléfono existe. Te lo he dicho en serio. En cuanto cuelgue, voy a ir a la primera comisaría que encuentre y te voy a denunciar. ¡No quiero saber nada de ti, Gabriel! ¿No entiendes que no voy a perdonarte?

 

-      Tesa, no soy Gabriel.

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