Sophie se encontraba cabizbaja mientras esperaba a la salida de la primaria. En cualquier momento los niños saldrían y se vería rodeada de varios de ellos, que como cada tarde, no se cansaban de hacerle preguntas, pedirle fotografías o autógrafos. Antes del remolino que su presencia causaba y que tenía tan molestos a los padres y maestros, se preparaba para ubicar a su hermano pequeño y a Grecia, agarrarlos de la mano y jalarlos hacia la camioneta que los esperaba tan rápido como un secuestrador.
Consciente de lo que acontecería, Daniel salió primero del colegio, abriéndose paso en la puerta sin nada de tacto y arrastrando a sus dos amigas de la mano.
—No, Samy no puede venir, te dije solo Grecia —reclamó Sophie viendo a la mara de niños que se aproximaba como zombis en una película de miedo.
—Si Grecia va, Samy también, debemos festejar el cumpleaños —se entercó. No pensaba irse sin su mejor amiga, quien al igual que Grecia, soñaba con conocer el estudio de filmación.
Aterrada por la ola que se aproximaba empujó a los tres niños al auto. Discutir con Daniel era una batalle perdida, él siempre terminaba haciendo lo que quería.
Sintiéndose como una niñera intentó concentrarse y buscar una buena excusa para meter a las dos niñas al set, encima lograr que Grecia hiciera una aparición en las escenas que filmarían ese día, mas su mente no daba para cosas que parecían importantes. Pese a haberle mandado alrededor de veinte mensajes, el tal Aaron no respondía. Su único mensaje había sido el que acompañaba al comic y que debía esperar una semana para recibir una continuación.
***
—No tienen autorización para pasar —era inevitable que el guardia de la puerta impidiese el paso a las dos niñas no autorizadas.
—Claro que pueden pasar, están conmigo y soy la estrella del programa —dijo Sophie cruzando los brazos con superioridad, exaltando un brillo prepotente.
—Nadie pasa, solo él tiene autorización —sin dejarse intimidar por una adolescente con aires de superioridad, señaló a Daniel. Como Sophie se encargaba de él en las tardes, tenía un pase especial para observar la filmación y aparecer de extra en los capítulos.
—Si ellas no pasan yo tampoco—se cruzó de brazos y esperó, segura que el guardia tendría que hablar con el productor, y él sí cedería al chantaje. Pero no dispuesto a caer en la trampa de Sophie, hizo un gesto de no importarle en absoluto y prácticamente les cerró la puerta en la cara.
Furiosa porque nadie podía tratarla así, hizo el intento de abrirla de nuevo y gritarle a ese sujeto un par de cosas, pero alguien se le adelantó. Casi inmediatamente después del portazo, Steve, la co-estrella de la serie, abrió el picaporte e ingresó directo a reclamar por Sophie.
—Vamos, déjalos pasar, son solo unas niñas, si el productor no las deja las sacamos de inmediato, pero si Sophie no entra y seguimos retrasándonos sabes que el señor Alfredo hará un escándalo —Steve sonó tan convincente y encantador como siempre, haciendo notar ligeramente su acento norteamericano. A diferencia de Sophie, él siempre conseguía lo que quería sin recurrir a amenazas violentas, y ella odiaba y al mismo tiempo admiraba esa faceta de él. Por un lado le irritaba que fuese siempre tan cordial, por otro, odiarlo era tan difícil como odiara un simpático cachorro.
Un grito agudo y entusiasmado los hizo taparse los oídos a todos. Grecia, que ya se resignaba a no poder entrar y pasar un cumpleaños aún peor que el del año anterior, corrió haciendo bullicio hacia su actor favorito, quien para ella era el segundo chico más guapo del mundo, después de Tiago por supuesto.
Steve solo atinó a reír y a mirar a Sophie de soslayo, atendiendo a su pequeña fan.
Sophie le respondió a la sonrisa, Steve era increíblemente paciente. Chicas de todas las edades se le abalanzaban encima siempre, y él las atendía cordialmente. Sophie intentaba ser tan complaciente como él, después de todo sus fans eran personas que la admiraban, pero llegaba un punto en el que estar rodeada de gente alabándola y preguntándole cosas simplemente la ofuscaba.
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