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El tocado por RA

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El tocado por RA

 

 

Hoy, en esta ya clásica sección Flashback, analizaremos uno de los rodajes que más ríos de tinta hizo correr en su momento. Sí, señores, La Séptima Mujer del Asesino les contará hoy la verdadera historia de la inacabada el Abrazo de la Momia.

Como cualquier avezado seguidor de esta revista recordará, El Abrazo de la Momia, estaba destinada a ser el buque insignia del nuevo fantaterror español. Al menos eso era lo que pretendía Alfredo Huidobro, director de Walpurgis Productions. Desde luego, puso medios para ello. Como director, fichó a uno de los autores más singulares de este cuarto de siglo: Guido Torquemada, temperamental creador que dotaba de su inigualable toque personal hasta a las películas de encargo. Como en cierto modo era este proyecto, al menos en su origen. Por ello, tuvo que prescindir de su idolatrada musa y amante, la oscarizada Rita Montenero, para contar con la estrellita del cine de horror europeo Glenda Fox, que a los ojos de algunos críticos miopes estaba destinada a convertirse en la próxima Barbara Steele. Para quien esto suscribe, los talentos de Miss Fox eran tres: su grito de contralto y… bueno, no creo que tenga que decir cuáles eran los otros, todos tenemos grabado en la retina el plano de la mordedura de El Hastío de Dracula (Dracula´s Weariness, 2024), la única colaboración de la actriz con la productora británica Damned.

Hábil negociador, Torquemada aceptó la imposición de la actriz para poder así ser él quien escogiese al protagonista masculino de la trama. Pocos podían dudar lo que tenía en mente aquel genio: las grandes películas de monstruos estaban interpretadas por verdaderos monstruos, el seno derecho de la señorita Fox conservaba una prueba clara de ello. Y si algo amaba Torquemada, era el realismo. De ese modo, había contado con mafiosos reales en El sonido de la Lupara (Il canto della Lupara, 2022) o con auténticas brujas en El último aquelarre (Le strige si riunono a mezzanotte, 20241). Cabe señalar que esta última propició su adiós al cine italiano cuando una de las hechiceras trasformó en cacatúa al actor protagonista de la película, el mujeriego Gianni Lavia. Después de aquello residiría unos años en Francia donde, entre otras, rodó la que muchos consideran su opus maximun, el thriller político El Peso de la Corrupción (L´adieu de l ´innocence, 2026). Un año más tarde de rodada esta, el director recaló en nuestro país, donde pronto aceptó el reto propuesto por Huidobro.

Volviendo a la película que nos ocupa, como era de esperar, Torquemada exigió tener como protagonista a su propia momia. Viendo el partido que podía sacar de aquello, Huidobro aceptó. Y, tras un respetuoso donativo al gobierno Egipcio, hicieron uso del Pergamino de los Muertos para levantar a su momia, en unas imágenes que aún hoy sobrecogen por la crudeza y el realismo con que están rodadas. Es tal la maestría de Torquemada tras las cámaras, que uno se olvida de la vergonzosa recitación de Francisco Cáceres, en su papel líder del equipo de arqueólogos descubridor de la momia, que demuestra ser el único actor con menos dotes que la Fox, además de un mero reclamo para la taquilla fémina.

Aunque desde un primer momento la Momia no estuvo a la altura. Como se podrán imaginar, el presupuesto de una película española, por ambiciosa que fuese, seguía sin equipararse a las grandes producciones americanas, incluso a las británicas y chinas, si me apuran, y eso se traducía también en el donativo dado a los egipcios. Así, en lugar de contar con un oscuro pero imponente faraón, bregaron con un desconocido a cuya tumba se accedía desde un pasaje secreto del túmulo de la ReinaHatshepsut. Poco se sabía del habitante de aquel nicho, salvo que un jeroglífico lo identificaba como «El Tocado por el Ojo de Ra». Esto hizo que Huidobro, antiguo publicista, vendiese a su momia de saldo como un antiguo sacerdote (bajo el nombre de Ramadés, sic) que había derrotado a la muerte en varias ocasiones. Salvo una, claro está.

Regresando a nuestra tumba, en lugar de emerger como una furia vengadora, el resucitado lo hizo como un adolescente con resaca, cayendo a los pies de una estupefacta Glenda Fox, que tuvo la feliz idea de dar uno de sus famosos gritos. Torquemada aprovechó aquello para convertir la caída en un preludio de la historia de amor necrófilo que se desgranaba en la película.

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