Tiempo de Héroes Capítulo 2

spinner.gif

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS - Día 1

Escrito por Juan González Mesa

Ilustración  de portada de CalaveraDiablo

Ilustración interior de Mamen Iglesias

 

Querido hermano:

Creo que hoy nos hemos distanciado mucho y por eso voy a rellenar, ahora sí, el diario que nos regalamos uno al otro hace un año. Negro con anillas rojas. Espero lo recuerdes.

Sé que te has enfadado al encontrarme en el piso del barrio de La Latina, en Madrid, revisando los vídeos de mi infancia. No te ha parecido una reacción normal, cosa que entiendo.

Los términos del acuerdo me hacen pensar en el temblor que sentirás cuando leas estas palabras. Te oí llegar y tuve tiempo de ponerme la máscara sanitaria de salir al jardín, la que parece el pico de una tortuga, para no provocarte más sobresaltos.

Cuando abriste la puerta, yo me veía en la pantalla con cinco años, corriendo alocado por los pasillos de la mansión de Segovia, a veces el cuello rígido y las manos inquietas como polillas, a veces con los hombros encogidos como un atleta.

Midiendo los límites de mi jaula.

Querido Iván, en estos momentos me da igual que padre haya muerto en el incendio y que madre se debata en el hospital por su vida. No te imaginas hasta qué punto me da igual. Ni siquiera me complace.

Según nuestro pacto, solo podrás abrir este diario cuando yo muera, o yo solo podré abrir el tuyo cuando tú lo hagas. ¿Escribes desde el principio? ¿No lo harás nunca?

Los términos del acuerdo me hacen pensar en el temblor que sentirás cuando leas estas palabras.

Madre está en la UVI, su cuerpo en carne viva, con los pulmones hechos ceniza, padre en el anatómico forense y yo veo grabaciones de mi infancia. Lo hago muy tranquilo, no por encontrarme en shock, sino porque provoqué el incendio.

¿Lo entiendes?

Párate un momento y lee bien mis palabras, si no lo has deducido, cuando abras este diario, cuando me hayas enterrado, déjame que te lo cuente todo; la parte que desconoces.

El apellido Sicilia siempre ha tenido un peso distinto para ti que para mí, ¿verdad? Yo era el hermano mayor, pero a la vez el hermano enfermo. Yo era el que no podía salir a la calle y se bebía los libros en la mansión familiar; tú eras el que odiaba los libros de los colegios privados y te bebías las calles, tomando todo el aíre lleno de polen y ácaros y dióxido de carbono y microorganismos que a mí me habrían matado.

Al menos, así nos lo contaron, ¿verdad?

¿No es cierto que madre y padre nos dijeron que yo no podía salir de casa porque moriría, que los guardaespaldas de la finca estaban allí para proteger a la familia porque teníamos mucho dinero, que nací en Colombia pero nos vinimos a España por miedo a los secuestros y porque aquí había mejores médicos, para cuidar al primogénito achacoso, el niño elefante, al bebé burbuja? ¿No es cierto que nos lo dijeron, que no fue una sino mil veces, que nos miraban a los ojos y nos acariciaban el pelo y nos decían que papá no hablaba en casa de sus negocios porque era cansado para él, que tú debías cuidar de mí, aunque yo fuera el mayor? ¿No recuerdas que madre nos hablaba del miedo que pasó la primera vez que tuve un ataque? ¿Recuerdas los tarros de pastillas sin etiqueta que fabricaban para mí, los profesores privados con mascarilla, tus mascarillas?

No sé cuántos años tendrás cuando abras este diario, pero, por favor, por tu Dios, dime que lo recuerdas.

Porque todo eso es mentira.

Creo que teniendo yo catorce y tú doce ya compartíamos sospechas sobre las actividades de padre y de los guardias de la mansión. Los hombres de negocios no siempre pueden hablar de sus asuntos, sobre todo si se relacionan con gente poco honrada. Claro; era comprensible. Debías tener quince cuando tú mismo temías que papá fuera el tipo poco honrado. ¡Qué expresión más graciosa! No te lo quise negar. Tampoco te conté desde cuán temprano aquello era una certeza para mí.

Si viviera en el mundo real, Iván, yo sería considerado algo así como un genio. Veía la prensa en internet a la edad con que otros niños ojean libros infantiles. Debido a mis limitaciones impuestas, conozco la mansión quizá mejor que su arquitecto. Acechaba para acceder a documentos, oír conversaciones, extrapolar datos, atar cabos. Durante el tiempo que pasabas entrenando con la espada, saltando muros, huyendo de los municipales o tirándote de los tejados, yo ataba cabos.

Padre era el mafioso, no quien nos defendía de los criminales, sino el criminal del que había que defenderse, aquel que hacía a otras personas, empresarios honrados, políticos o fiscales, necesitar escoltas. Ya sabes, esos hombres que no llevan los brazos y el torso tatuados, esos hombres que no llevan una navaja en la bota y no miran el trasero de las mujeres que pasan cerca de la finca.

Si hubiera sido criado en el mundo real, Iván, yo no tendría estas ojeras de vampiro, esta palidez enfermiza tan impropia de nuestra sangre sudamericana, yo tendría las piernas fuertes como tú, la espalda recta como tú, los pulmones anchos.

¿Sabes?, no creo que nunca me haya dolido demasiado que papá nos mintiera acerca de sus negocios y que mamá hiciera de compinche en eso. No, me hacía sentir especial ser el hijo de un mafioso. Especial, aunque no pudiera compararme con nadie, pero especial al fin y al cabo.

No, eso no es lo que ha costado la vida a padre y la belleza a madre. Eso no es lo que ha provocado que incendie la mansión con la eficacia y sigilo que solo nos es posible a los genios.

Te pedí hace unos días que me enviaras un paquete y luego que fueses a recoger otro a una clínica privada. Sospechabas que me siento incómodo por el tratamiento médico y que quería una segunda opinión. Y tanto si la quería.

No tengo nada, hermano. Soy un joven perfectamente sano. El informe médico dice que necesito algo de vitamina D. Ya sabes, tomar el sol. No tengo ninguna enfermedad inmune, ni autoinmune. Y, lo que es peor, una vez que recibí estos resultados y tras consultar un par de manuales, me jugué el cuello y me hice mis propias pruebas de alergia. Sí, podrías haberme encontrado muerto, lo sé, pero se trata de mi vida y resulta que estoy vivo, Iván.

Estoy sano.

Nuestros padres nos han mentido y me han tenido encerrado desde siempre por un motivo que ahora mismo no sé si quiero averiguar. Me miraban a los ojos, me acariciaban el pelo, pero no podían besarme a través de una mascarilla.

He quemado la casa. Padre ha muerto. Bien hecho. Madre está moribunda. Madre, la que nunca me besó para no matarme por una enfermedad que ella sabía que nunca tuve. Bien hecho.

Somos los herederos de una fortuna con tantas ramificaciones que, con seguridad, deberemos perder dinero para no acabar saliendo en los telediarios. Somos los herederos de un imperio de sangre y mentiras, Iván. Somos unos huérfanos muy ricos, pero no sé cuántos niños habrán quedado huérfanos para que nosotros seamos ahora así de ricos.

Sin embargo, no insultaré tu inteligencia, sé que eres listo aunque intentes parecer un cafre, diciéndote que incendié la casa pensando en los huérfanos que papá haya dejado por el mundo. No, lo he hecho por mí.

En el futuro, cuando leas esto, espero haber llevado una vida en libertad que haga sombra a mi crimen. Recuerda bien lo que te escribo.

Por eso me has encontrado en el piso de La latina, revisando vídeos de mi infancia. Reavivando el dolor por lo que me han quitado para no sentir remordimientos por lo que he quitado yo.

El señor Carneró me ha dicho que aún debemos aguardar un día más para el funeral de padre. Se espera de ti que mañana no aparezcas en chándal.

Mañana.

Cuando acuda al cementerio a la vista de todos, puede que descubra el motivo por el que mis propios padres me han tenido oculto toda mi vida. Espero que sea un motivo egoísta, una vergüenza, un acto horrible de unos monstruos horribles.

Porque ahora mismo, que ya me he desahogado al escribirte, debo reconocer que he actuado movido por un impulso tan irracional como el rugido de una ola.

Y, pensándolo en perspectiva, si averiguo que lo hicieron por una buena causa, que he mandado a mis padres al infierno sin motivo, creo que tendré que acudir a mi laboratorio y prepararme una redoma de veneno.

Pero eso será mañana.

Hoy, por primera vez, soy libre.

 

¿QUIERES SABER MÁS? http://www.tiempo-de-heroes.com/

Comentarios y Reseñas (5)

Entrar or Facebook Sign in with Twitter


Votar library_icon_grey.png Añadir

Multimedia

Tiempo de Héroes Capítulo 2

¿Quién va a leer

kaliotto siriuslover EstelaGaonaRastrollo Maribargas WalterAguilera chikkitamama Cpryshine

Recomendado

Desertor2112. Un nuevo mundo.147 Relatos ultracortos (menos de 25 palabras)Lo Prohibido (Pausada)