Un Gran Deseo

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Un Gran Deseo

One Shoot

Sonyi Vargas

 

Sus pieles arden sin apenas tocarse, sus manos gritan por un poco de contacto, en sus ojos hay fuego que los derrite por dentro y es que el deseo que sienten es intenso, incontrolable, como una maldición que los consume.

Eliminan  la distancia que los separa, que los mantenía alejados con una rapidez increíble, una vez que están cerca, frente a frente no pierden tiempo y se devoran, la ropa desaparece, las manos cobran vida propia, sus ojos se comen y sus bocas se reclaman.

Las manos expertas masculinas recorren con pericia el frágil y delicado cuerpo a su lado, poseedor de una belleza impactante, una pasión enloquecedora y unos ojos inocentes, lo que la hacen capaz de tenerlo a sus pies.

Pero esas pequeñas y dulces manos no se quedan atrás se insertan en esos mechones oscuros y tiran de ellos para hacerle saber a su amante de la necesidad,    su necesidad de el, de sus besos, de su cuerpo, que la posea hasta la saciedad, hasta perder la cordura y él como buen receptor, además de conocerla mejor que a si mismo responde sus suplicas con intensidad, con fuerza, demostrando su deseo y sus ansias de ella.

El juego previo es innecesario, además de desesperante, se entregan el uno al otro como siempre, volviéndose uno, haciendo que sus cuerpos se conviertan en una maraña de extremidades, dejando la oscura habitación inundada con sus gemidos, impregnada del olor de la excitación, donde los gemido se convierten en gritos y gruñidos dejando claro que sucede en su interior.

La precisión con que penetra a su amante ya es conocida pero al mismo tiempo es nueva, siempre es nueva y diferente cada experiencia, sentir como encajan, ella lo envuelve en su interior, como él pertenece en ese lugar, entendiendo una vez más que ese es su hogar....

El  grito de placer que escapa de la garganta femenina al recibir al intruso es solo la manera más frívola de demostrar su satisfacción, como su cuerpo lo recibe a voluntad, como se expande su cavidad solo para recibirlo, la maravillosa sensación de sentirse llena, completa es incomparable.

Con fuerza, precisión y destreza empieza ese vaivén tan delicioso para ambos, siendo cada una más intensa, más poderosa, más esperada y mas ansiada, llevando sus cuerpos con cada embiste a un nuevo nivel, cada instante más cerca del éxtasis.

La fina capa de sudor que los cubre es solo una muestra del maravilloso esfuerzo, las pupilas dilatadas negándose a cerrar los ojos, los labios resecos, la falta de aire, es solo la tortura más placentera....

Sus manos no se quedan quietas recorren el cuerpo del otro, tratando de memorizar las curvas, los músculos, los estremecimiento a que están sujetos, las bocas no dejan espacio sin rozar, morder, chupar y besar.....

Los hermosos y formados pechos de la mujer nunca fueron desatendidos, porque si no era esa habilidosa  boca la que le daba placer, lo hacían esas fuertes y torneadas manos...

El cuello, espada, cabellera y glúteo del hombre sintieron en cada momento como esas manos lo acariciaban a ratos y en otros lo arañaban o estrujaban.....

Sus ojos unidos de vez en cuando, sus labios sin ganas de separarse a no ser para susurran palabras dulces y sensuales en los oídos contrarios o besos en cada porción de piel que alcanzaban, gritaban mas, ansiaban mas y ellos se lo estaban dando...

Al sentir el ansiado final cerca, pero a la vez deseando alargarlo un poco más, unas manos traviesas y habilidosas se perdieron entre sus cuerpos tocando ese botón rojo, hinchado y dispuesto logrando con pocos pero intensos roces ver las estrellas a la  joven amante, haciendo que su interior se contrajera de tal forma que el miembro masculino fue exprimido haciendo que su dueño tocara el cielo.

Exhaustos, cansados y satisfechos cayeron en la suave y cómoda cama, amarrados todavía disfrutando del placer del maravilloso orgasmo.....

No supieron si fueron horas o solo minutos lo que necesitaron para normalizar sus respiración, pero al poder lograr ingresar aire a sus pulmones con normalidad se abrazaron una última vez, se besaron una vez más, sin palabras, solo diciéndose hasta luego con los ojos, levantándose ambos, vistiéndose y dejando la habitación de ese hotel, ansiando el próximo encuentro.

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