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LA MUJER DEL CONDE MALDITO

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Poco a poco fui abriendo los ojos, tuve un sueño muy bonito, lo que hizo que me despertara extrañamente feliz.

- Por fin despiertas – dijo una voz a mi lado, haciendo que el corazón de me paralizara del susto, estaba recostado en la cama, con un solo movimiento me levanté, refugiándome contra la pared, el se puso de pie lentamente sin quitarme los ojos de encima – Amor – dijo mientras caminaba, yo intentaba alejarme pero sola me acorralé en la esquina de la habitación – no tienes nada que temer – si claro, pensé, porque solo eres un loco chupa sangre – y no estoy loco – dijo guiñándome un ojo, yo lo miré mas aterrada aún si se podía – escucho todo lo que piensas – me respondió la pregunta que se formuló en mi cabeza, se sentó al borde de la cama, muy cerca de donde yo estaba – ven – dijo señalando con la mano un lugar a su lado, yo no tenía ninguna intención de moverme de mi rincón – no me gusta hacer esto contigo, pero no me dejas opción – Me miró a los ojos, yo intenté esquivar su mirada, pero de nuevo estaba sin fuerza de voluntad ante él – ven – repitió el gesto, y a paso firme me dirigí a donde me indicaba, me senté – tranquilízate por favor – dijo acariciando mi rostro al notar que yo no paraba de temblar – nunca podría hacerte daño – las imágenes de Celia vinieron a mi mente, de verdad no quería terminar como ella, pero estaba al lado del hombre autor de esos actos – lo de Celia fue algo que ella se buscó – dijo sorprendiéndome de nuevo, aunque ya no debería – al principio me molestó su actitud contigo, si supieras lo que ella pensaba de ti no estarías molesta por lo que le hice – de verdad no quería saber lo mi supuesta mejor amiga pensaba de mi – no voy a decírtelo si no quieres, pero ella no era buena amiga, y no me gustaba así que decidí utilizarla, fue divertido tengo que admitir – dijo con una sonrisa en el rostro y ahora recordé como el Celia tenían sexo y en todas las veces que lo habrán hecho a mis espaldas – no fueron tantas veces como crees – me guiñó un ojo, yo no podía creer su descaro, me hervía la sangre por dentro de lo molesta que estaba, él me hacía un escándalo si un hombre me saludaba, mientras él se revolcaba con cualquiera como si fuera lo mas normal del mundo – veo que estas molesta – dijo – creo que sería saludable que te expresaras – al decir esto me miró a los ojos y sentí como si me soltaran la correa o algo así.

- ¡Maldito desgraciado! – grité poniéndome de pie frente a él, que me miraba divertido – todo este tiempo me engañaste, seguramente me casé contigo porque me obligaste a hacerlo con ese control mental o lo que sea que haces -el asintió – ¡Quiero el divorcio! – grité arrojándole una lámpara, él la tomó sin problemas - ¡No quiero volver a verte en mi vida!¡Eres un psicópata, como menos, estas loco!¡Y deja de meterte en mi mente!

- ¿Terminaste? – preguntó luego de unos segundos, lo miré con odio – No me mires así – me ordenó y yo agaché la mirada – Ahora es mi turno de hablar, así que toma asiento y escucha – claro que obedecí – Punto número uno, no me gusta controlarte, pero no me quedaba otra opción, eres demasiado independiente y tenía que hacerlo – yo lo miraba sin poder decir nada, aunque tenía varios insultos formados en la mente, seguramente el podía escucharlos – número dos, lamentablemente no puedo controlar lo que piensas, solo lo que haces, así que evita esas palabras tan ofensivas – ahí no le hice caso, el bufó molesto – número tres, sí tuve que persuadirte para que nos casáramos, la idea matrimonio no tenia mucha aceptación en tu mente así que tuve que trabajarlo un poco, además de que necesitábamos hacer todo el ritual que seguramente no ibas a aceptar por tu propia voluntad – eso seguro pensé, y el vestido era horrible – el vestido no fue mi culpa – dijo como disculpándose – mis hermanas son celosas y ellas lo eligieron, lo siento – malditas pensé – pero para su desgracia lucias hermosa en el – tenía que estar loco si pensaba que con eso iba a convencerme – vamos amor – dijo de poniéndose de cuclillas frente a mi, tomando mis manos en las suyas – tu sabes que soy el hombre para ti, lo supiste del primer momento en que nos vimos de la misma manera que yo supe que tu eras la mujer para mi, y yo no tuve nada que ver en eso, no puedes negarlo – de verdad no podía negar que cuando lo vi algo se encendió en mi, pero eso no quitaba que era un fenómeno - ¡Hey! – Me reclamó – no soy ningún fenómeno, solo soy una raza superior.

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