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cdvillarreal

on Nov 12, 2006
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Paulo Coelho - Brida

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Paulo Coelho

Brida

El don que cada uno lleva dentro


¿O qué mujer que tenga diez dracmas, si se le pierde una, no enciende una lámpara y barre la casa, y la busca cuidadosamente hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, reúne a las amigas y vecinas y les dice: "Alegraos conmigo, que ya encontré la dracma que se me había Perdido".
Lucas 15, 8-9


Advertencia
En el libro Diario de un Mago cambié dos de las Prácticas de RAM por ejercicios de percepción que había aprendido en la época en que lidié con el teatro. Aunque los resultados fuesen rigurosamente los mismos, esto me valió una severa reprimenda de mi Maestro. "No importa si existen medios más rápidos o más fáciles, la Tradición jamás puede ser cambiada", dijo él.
A causa de eso, los pocos rituales descritos en Brida son los mismos practicados durante siglos por la Tradición de la Luna, una tradición específica, que requiere experiencia y práctica en su ejecución. Utilizar tales rituales sin orientación es peligroso, desaconsejable, innecesario y puede perjudicar seriamente la Búsqueda Espiritual.
PAULO COELHO


Prólogo
Nos sentábamos todas las noches en un café, en Lourdes. Yo, un peregrino del Sagrado Camino de Roma, que tenía que andar muchos días en busca de mi Don. Ella, Brida O'Fern, controlaba determinada parte de este camino.
En una de esas noches resolví preguntarle si había experimentado una gran emoción al conocer determinada abadía, parte del camino en forma de estrella que los Iniciados recorren en los Pirineos.
-Nunca estuve allí -respondió.
Me quedé sorprendido. Al fin y al cabo, ella ya poseía un Don.
Todos los caminos llevan a Roma-dijo Brida, usando un viejo proverbio para indicarme que los Dones podían ser despertados en cualquier lugar-. Hice mi Camino de Roma en Irlanda.
En nuestros encuentros siguientes, ella me contó la historia de su búsqueda. Cuando terminó, le pregunté si podría, algún día, escribir lo que había oído.
En un primer momento ella asintió. Pero, cada vez que nos encontrábamos, iba colocando un obstáculo. Me pidió que cambiase los nombres de las personas involucradas, quería saber qué tipo de gente lo leería y cómo reaccionarían.
-No puedo saberlo -respondí-, pero creo que ésta no es la causa de tu preocupación.
-Tienes razón -dijo ella-. Es porque creo que es una experiencia muy particular. No sé si las personas podrán sacar algo provechoso de ella.
Éste es un riesgo que ahora corremos juntos, Brida. Un texto anónimo de la Tradición dice que cada persona, en su existencia, puede tener dos actitudes: Construir o Plantar. Los constructores pueden demorar años en sus tareas, pero un día terminan aquello que estaban haciendo. Entonces se paran y quedan limitados por sus propias paredes. La vida pierde el sentido cuando la construcción acaba.
Pero existen los que plantan. Éstos a veces sufren con las tempestades, las estaciones y raramente descansan. Pero al contrario que un edificio, el jardín jamás para de crecer. Y, al mismo tiempo que exige la atención del jardinero, también permite que, para él, la vida sea una gran aventura.
Los jardineros se reconocerán entre sí, porque saben que en la historia de cada planta está el crecimiento de toda la Tierra.

EL AUTOR



IRLANDA
Agosto 1983 - Marzo 1984

Verano y Otoño

-Deseo aprender magia -dijo la chica.
El Mago la miró. Jeans descoloridos, camiseta y el aire de desafío que toda persona tímida acostumbra usar cuando no debía. "Debo tener el doble de su edad", pensó el Mago. Y, a pesar de esto, sabía que estaba delante de su Otra Parte.
-Mi nombre es Brida -continuó ella-. Disculpe por no haberme presentado. Esperé mucho este momento, y estoy más ansiosa de lo que pensaba.
-¿Para qué quieres aprender magia? -preguntó él. -Para responder algunas preguntas de mi vida. Para conocer los poderes ocultos. Y, tal vez, para viajar al pasado y al futuro.
No era la primera vez que alguien iba hasta el bosque para pedirle esto. Hubo una época en que había sido un Maestro muy conocido y respetado por la Tradición. Había aceptado varios discípulos y creído que el mundo cambiaría en la medida en que él pudiese cambiar a aquellos que lo rodeaban. Pero había cometido un error. Y los Maestros de la Tradición no pueden cometer errores.
-¿No crees que eres muy joven?
-Tengo veintiún años -dijo Brida-. Si quisiera aprender ballet ahora, ya me encontrarían demasiado vieja.
El mago le hizo una seña para que lo acompañase. Los dos comenzaron a caminar juntos por el bosque, en silencio. "Es bonita-pensaba él, mientras las sombras de los árboles iban mudando rápidamente de posición porque el sol ya estaba cerca del horizonte-. Pero le doblo la edad." Esto significaba que posiblemente iba a sufrir.
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