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Seduciendo a mi profesor |Liam Payne|

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En la vida, hay dos tipos de personas; aquellas que lo dejan todo para mañana y no son lo suficientemente fuertes como para luchar por lo que quieren y, aquellas que aprovechan cada oportunidad que la vida les ofrece, sin tener miedo a fracasar. Por eso desde muy pequeña he optado por ser de esas personas que no tienen miedo a soñar en grande, aquellas que consiguen lo que desean cueste lo que cueste. Para mí no hay impedimentos y nunca los habrá.

Caminé hacia la institución en la que solía estudiar desde pequeña y subí los amplios y largos escalones hasta llegar a la puerta. Al entrar, varias miradas masculinas se posaron en mí, lo que causó que una sonrisa apareciera en mi rostro. Seguí caminando por el pasillo hasta detenerme en el aula número cinco. Al empujar la puerta, ingresé para así, encontrarme con mis compañeros de clase.

—Hola, Valerie—habló el chico que estaba sentado en el pupitre que quedaba a un lado de la puerta.

—Hola—sonreí sin mostrar los dientes y atravesé el aula en busca de mi pupitre, en donde me esperaba mi mejor amiga. –Hola, Anna—saludé, colgando mi mochila del respaldo.

—Valerie, ¿Qué tal el fin de semana?—preguntó, dejando su móvil encima del pupitre para poder hacer contacto visual conmigo.

—No puedo quejarme—me encogí de hombros.—¿Qué tal el tuyo?

—Discutí con Bruce y para la desgracia de él—hizo énfasis en él.—Terminamos nuestra relación.

Hice silencio por unos segundos esperando a que la guapa rubia que tenía como mejor amiga añadiera alguna otra cosa.

—Es un maldito infeliz. Ni siquiera sé cómo pude fijarme en él, estaba tan ciega que no me di cuenta del animal que tenía como novio.

Le toqué la mano en señal de comprensión.

Su relación como una montaña rusa, por eso no me extrañaba el hecho de saber que habían terminado. De igual forma sabía que en uno o dos días ella misma estaría dándome la noticia de su reconciliación. A veces pensaba que Anna tenía poca dignidad, es sólo el hecho de que un hombre juegue tantas veces contigo sin importar el daño que pueda causarte. No me creo capaz de soportar una relación como esa.

Olvidando el tema de Anna y pasando al acontecimiento importante—según la directora del colegio— hoy conoceríamos a nuestro nuevo profesor. Todos estaban comentando sobre él, sin siquiera haberlo visto. Como era de esperar, en minutos estaríamos viendo a un viejo gruñón ingresar a la clase.

Suspiré profundamente mientras miraba hacia el pizarrón y veía lo que unos idiotas estaban dibujando en éste. Qué gran forma de recibir al profesor. El chico de cabello rojo terminó su obra de arte y antes de retirarse, decidió añadir; bienvenido sea profesor Payne, esperamos que este pene sea de su agrado. Dejó la tiza en su lugar y volvió a su pupitre para luego reír con sus compañeros.

La vieja decrepita que se hacía llamar nuestra directora había estado hablando maravillas del nuevo profesor. Tal vez era su marido, nieto o alguna mierda de esas, porque realmente, hablaba de él como si fuera un ángel.

Pero vaya sorpresa la que me nos estábamos llevando todos los alumnos; el jodido profesor se hacía esperar como una novia en el altar. Pensándolo de una manera positiva, sería bueno que siguiera llegando tarde todos los días del año.

La puerta del aula se abrió, haciendo que todas las miradas—incluida la mía—se dirigieran a ésta. Un hombre alto y acuerpado ingresó de forma rápida mientras les echaba un vistazo a sus estudiantes. No podía ser posible que alguien como él fuera nuestro profesor, era tan atractivo. Su belleza me deslumbró al igual que a las otras chicas.

—Buenos días—su voz hizo presencia.  

Caminó hacia el escritorio sin percatarse del pene que había pintado en el pizarrón. Las risas traviesas comenzaban a escucharse. Dejó su maletín y algunos libros encima del mencionado y se dio la vuelta para observarnos.

Maldita sea, era como un sueño hecho realidad; su cabello castaño estaba finamente peinado hacia atrás, haciendo que se viera elegante pero a la vez dándole un toque sexy. Sus ojos, por lo que pude ver, eran marrones. Sus labios, oh, que labios, carnosos y rosados, perfectos para hacer travesuras. Su cuerpo era musculoso y grande, era de suponer que visitaba el gimnasio varias veces por semana.

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