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Cambio

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Quiero decirles que leo todos sus comentarios y agradezco desde el fondo más sensible de toodo mi corazón todas su palabras. Gracias por votar, comentar y todas esas bellezas que ustedes hacen. ¡Hacen mi día! Disfruten la lectura :)

SirumYem

***

Tayler era ese tipo de hermano que te manda a hacer el mandado, te molesta, le cambia al canal cuando la película está en su mejor escena, interrumpe en tu cuarto siendo la una de la mañana por cualquier cosa, pero que te protege de los matones, te defiende cuando hablan mal de ti, te gritan con tal de que entres en razón. 

Ese era mi Tayler. Y siempre lo había querido, aunque siempre me hiciera enojar. Yo también lo hacía enojar a él, claro. Pero nunca lo había visto tan enojado como en ese momento, cuando sus ojos se toparon en la figura de Seth, que yacía a centímetros de mí.

No sabía qué hacer, qué decir. ¡La regaría con cualquier cosa!

-Tayler... él es Seth... -de pronto tuve una idea -,¿lo recuerdas?

¡Pero claro! ¡Seth también había conocido a Tayler cuando eramos pequeños! 

Mi hermano achicó los ojos y estudió a Seth con detenimiento. 

-Claro, es el mismo mocoso. 

-También es un placer verte -conecdió Seth con voz hóstil. 

-¡Seth! -le reprendí.

-No has cambiado nada, chiquillo. ¿Sigues comiéndote los mocos?

-¡Tayler!

-He dejado ese hábito. Pero tú sigues siendo igual de idiota.

-¡Seth, basta!

-Qué curioso. Justamente pensaba lo mismo de ti.

-¡Suficinte! ¡Los dos!- grité y se callaron. Mi padre me había advertido sobre esto, pero yo estaba segura de que no pasaría. Qué tonta. -Tayler, por favor, déjanos solos. Tenemos que hablar. 

-No los dejaré solos, Jen. 

Un pequeño mareo me nubló un poco la vista y mis piernas amenazaron con fallarme pero me obligué a sostenerme un poco más, incapaz de dejar la conversación ahí. Aunque... no era la conversación lo único que habíamos dejado a medias. 

-Tayler...-dije. Mi hermano se adentró en la sala.

-No, está bien. Ya me iba-. Seth se encaminó a la salida del cuarto. 

-¡No!- grité mientras me tropezaba con las pantunflas al avanzar hacia él a trompicones. Escuché a mi hermano seguirme. -¡No hemos terminado de hablar, McFare! 

-Cuando yo llegué no estaban hablando...-comentó Tayler, pero lo ignoré. 

-Aún no me has respondido todo- insistí cuando llegó a la salida de la casa y abría la puerta. Dio un paso más. Sentí otra oleada de mareo y me apoyé en el marco de la puerta. -Seth... no hemos acabado de hablar.

-Lo sé -me dijo por encima del hombro. Se dio la vuelta completa que, en mi estado nauseabundo, fue en cámara completamente lenta y observé su cabello despeinado, el uniforme un poco arrugado, sus ojos oscuros que se veían más claros por el atardecer que le daba directo en la cara. Sonrió y juro que casi me derrumbo y tiro a la puerta conmigo -.Está pendiente. Cuídate -añadió con un extraño brillo en sus ojos y supe que se refería a la fiebre -. Hasta el lunes -y siguió su camino hasta que se perdió entre las casas.

Cerré la puerta lo más exacto que pude. Mi vista se había empañado y todo me daba vueltas. Sentía que en cualquier momento me vendría sobre el suelo. 

-¿Jen?- preuntó Tayler. Respirando con dificultad, resbalé por la puerta hasta quedar sobre mis rodillas y me concentré en no devolver la comida. De repente me dio frío y comencé a temblar, pero al mismo tiempo sentía un calor extremo en la cabeza. Después algo punzante y constante en la nuca. -¿Jen, estás bien?- escuché a Tayler muy lejos. 

Balbuceé algo, pero no recuerdo qué fue. Tayler se arrodilló y me tocó la frente.

-Joder, Jenna, estás ardiendo en fiebre. 

Balbuceé otra cosa. Oí cómo le gritaba algo a mi padre y éste llegaba con pisadas fuertes y rápidas. Me cargaron entre los dos, mis brazos colgaban de sus hombros. Al llegar a las escaleras, mi hermano dijo algo y sentí cómo me elevaba en su espalda y mi cabeza caía en su hombro. Me cargó por las escaleras como a una niña de cinco años y me introdujo en la cama con excesivo cuidado. Me arropó y me dio un beso en la frente antes de irse. Escuché que mi padre entraba un ratito después y sentí un beso en la nariz. Me dejaron sola, arropada y calentita, cayendo en un profundo sueño. Aún podía escuchar la voz de Seth diciendo está pendiente, prometiendo que hablaríamos después. 

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