Un rio llamado Lete. (URLLL#1) (En edición)

spinner.gif

Los que creen en la reencarnación, la vida después de la muerte, las “segundas oportunidades” que nos conceden para tener una nueva vida y vivirla plenamente como nos merecemos, nos explican el por qué no recordamos nuestras anteriores vidas. Cuenta la mitología Griega que existe un río llamado Lete, cuyo significado es “olvido”. Se decía que beber de sus aguas, provocaba el olvido completo.  Al morir, existe un único camino para volver a la vida y reencarnarse, pero para llegar a ese camino, las almas, deben pasar antes por el rio Lete y beber de él, lo que te hace olvidar todas tus anteriores vidas. ¿No sería genial recordar nuestras vidas anteriores, en el caso de que la reencarnación existiera? ¿No sería estupendo enterarte de que en otra vida fuiste un rey, una actriz o un millonario despreocupado?

 

Todas las noches desde hace casi dos años,  antes de irme a la cama, repaso esas palabras una y otra vez en mi cabeza. Desde que me adoptaron los primos lejanos de mi padre, cuando se enteraron de la muerte de éste y mi madre. Sí, soy huérfana, desde los once años. Estaba en una fiesta de pijamas en casa de una amiga mía y, por la mañana, cuando iban a recogerme, sucedió. Estaban por las carreteras de la ciudad de Crawley cuando se chocaron con un camión que se había saltado un STOP. Al parecer nadie podía hacerse cargo de mí. No tengo abuelos y solo tenía una tía, a la que odié por no haberme llevado a su casa cuando la necesitaba, lo que no sabía era el por qué no podía cuidarme.

 

Bueno, entré en un centro de menores en el que me costó adaptarme. No se me da muy bien hacer amigos, ya que tengo un carácter algo difícil. Las cuidadoras y la gente del centro decía que todo se debía a la muerte de mis padres. Tal vez en parte sí, pero no todo es verdad. Yo siempre he sido así, pero al parecer la muerte de mis padres era una justificación muy efectiva, para ellos claro. A mí me daba igual lo que dijeran, yo iba a seguir siendo como era.

 

Aún recuerdo el día en el que llegué a Childrenadoptionsociety of Crawley, o CASC, el centro de menores. Me llevó una asistente social, días después del entierro de mis padres. Intentó que me desahogara como fuera. Me pidió que llorara o que hablara con ella de cómo me sentía, pero no consiguió nada. Ni ella, ni nadie. Recuerdo que entré por la pesada puerta giratoria de cristal del centro con la enorme maleta de piel marrón de mi padre bajo el brazo, una maleta color morada arrastrando de la mano izquierda, una gran mochila a la espalda y una bolsa de viaje que me regaló mi madre en la mano derecha. Aparentemente, parecía decidida, serena y despreocupada, pero en mi interior, una cascada de sentimientos y dolor inundaban mi alma, pero intenté aplacarlo, día tras día. No hice amigos en mi planta. Me encerraba en mi cuarto, y tan solo salía para desayunar, dar clase, comer y cenar. Todas las noches me metía debajo de las sabanas con una linterna y leía el diario que mi madre escribía cuando tenía mi edad. Leía una página por día, y luego me echaba a llorar hasta que me quedaba dormida,  y así un día tras otro.

 

 

 

 

Una mañana de sábado, la señorita Graham, la profesora del centro, entró en mi cuarto cuando yo seguía dormida. Me despertó y me dijo que ya era hora de hacer amigos. Como ella sabía que me negaba a conocer gente en mi planta, me dijo que subiera al piso de arriba, la planta de los mayores y me dijo que sería un secreto entre las dos. Eso me hizo sonreír. Fue la primera persona que, desde el accidente de mis padres había conseguido una sonrisa mía. Era de las personas más simpáticas y amables que conocía, y eso me hacía sentir bien. Me puse el primer chándal que encontré, uno gris que me compró mi madre para las clases de baile moderno a las que iba antes del accidente y me hice una coleta alta. Salí de mi habitación, pasando mi mano por las paredes de color azul cielo de la primera planta mientras caminaba, mirando al frente, por los larguísimos pasillos del centro, parándome a observar los cuadros de Disney que colgaban a mis lados, las enormes lámparas en forma de nubes sobre mi cabeza y el pequeño parque infantil que había justo en el centro de la planta. Cuando llegué al final del pasillo pulsé en botón del ascensor, mientras miraba a ambos lados, procurando que nadie me viera. El ascensor se abrió y entré rápidamente. Una vez dentro, eufórica, pulsé en botón de la segunda planta y éste, empezó a subir. Cuando las puertas volvieron a abrirse, me dio la sensación de que estaba en un sitio totalmente diferente. Las paredes ya no eran de ese color azul tan infantil; eran blancas. Eso, por una parte, me daba una terrible sensación de soledad, pero por otra, hacia la sala luminosa y pura. De las paredes, no colgaban cuadros de Mickey ni de Pluto, si no, enormes pergaminos enmarcados, escritos en una lengua que no entendía, seguramente latín, y en el techo, no había lámparas en forma de nubes, si no lámparas de araña con miles de lágrimas de cristal colgando de ella y dos velas blancas y larguísimas en su centro. Caminaba observándolo todo, con la cabeza en otro lado, cuando choqué con alguien.

 

(pongo a la derecha una foto de como seria Brooke, es la actriz willa Holand)

Comments & Reviews (4)

Login or Facebook Sign in with Twitter


library_icon_grey.png Add share_icon_grey.png Share

Media

capitulo 1, Antes.

Cast

Willa Hollandas Brooke
Stephen Amellas Chace
Steven R. McQueenas Ethan
Matthew Morrisonas Tio Paul
Charlize Theronas Tia Alicia
Lucas Tillas Jason
Antonia Thomas as Chandra
Chloe Moretzas Skyler
Drew Royas Byron
Kaya Scodelarioas Agnes
Emily VanCamp as Meg

Who's Reading

Recommended