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De: Bajo la misma estrella John Green

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«Una novela sobre la vida y la muerte, y sobre los que están atrapados entre las dos... Reirás, llorarás y te quedarás con ganas de más.» Markus Zusak. 

El Tulipán Holandés contemplaba la marea, que estaba subiendo. 
—Ensambla, unifica, envenena, corrige, revela. 
Mira cómo sube y baja, y se lleva todo consigo. 
—¿Qué es? —le pregunté. 
—Agua —me contestó el holandés—. Bueno, y tiempo. 

A finales del invierno de mi decimoséptimo año de vida, mi madre llegó a la conclusión de que estaba deprimida, seguramente porque apenas salía de casa, pasaba mucho tiempo en la cama, leía el mismo libro una y otra vez, casi nunca comía y dedicaba buena parte de mi abundante tiempo libre a pensar en la muerte.
Cuando leemos un folleto sobre el cáncer, una página web o lo que sea, vemos que sistemáticamente incluyen la depresión entre los efectos colaterales del cáncer. Pero en realidad la depresión no es un efecto colateral del cáncer. La depresión es un efecto colateral de estar muriéndose. (El cáncer también es un efecto colateral de estar muriéndose. La verdad es que casi todo lo es.)


Hazel, te mereces una vida. 

Solo hay una cosa en el mundo más jodida que tener cáncer a los dieciséis años, y es tener un hijo con cáncer.

Al final decidí que la mejor estrategia era mirarlo yo a él. Al fin y al cabo, los chicos no tienen el monopolio de las miradas. 

Estoy en una montaña rusa que no hace más que subir, 

Se contaron peleas, batallas ganadas en guerras que sin duda se perderían. Se aferraban a la esperanza. 

—Me da miedo el olvido. —Habló sin pensárselo un segundo—. Lo temo como el ciego al que le da miedo la oscuridad. 

Sus ojos eran tan azules que casi podías verte en ellos. 

—Llegará un día en que todos nosotros estaremos muertos —dije—. Todos nosotros. Llegará un día en que no quedará un ser humano que recuerde que alguna vez existió alguien o que alguna vez nuestra especie hizo algo. No quedará nadie que recuerde a Aristóteles o a Cleopatra, por no hablar de vosotros. Todo lo que hemos hecho, construido, escrito, pensado y descubierto será olvidado, y todo esto —continué, señalando a mi alrededor— habrá existido para nada. Quizá ese día llegue pronto o quizá tarde millones de años, pero, aunque sobrevivamos al desmoronamiento del sol, no sobreviviremos para siempre. 

Un dolor imperial, el libro que yo consideraba la Biblia. 

—HOY ES EL MEJOR DÍA DE NUESTRA VIDA— 

Me gusta mirar a las personas guapas, y hace un tiempo decidí no privarme de los sencillos placeres de la vida. 

—Tienes que verla. V de vendetta, digo. 
—Vale —le contesté—. La buscaré. 
—No. Conmigo. En mi casa —me dijo—. Ahora.

—Los cigarrillos no te matan si no los enciendes —me dijo mientras mi madre se acercaba al bordillo—. Y nunca he encendido ninguno. Mira, es una metáfora: te colocas el arma asesina entre los dientes, pero no le concedes el poder de matarte. 

«El hogar está donde está el corazón»

«Es difícil encontrar buenos amigos, e imposible olvidarlos»

«El amor verdadero nace de los tiempos difíciles»

«La familia es para siempre»

En los días más oscuros el Señor te pone en el camino a las mejores personas. 

Algunas veces lees un libro, sientes un extraño afán evangelizador y estás convencido de que este desastrado mundo no se recuperará hasta que todos los seres humanos lo lean. 

«Sin dolor, ¿cómo conoceríamos el placer?»

—Hazel Grace —me dijo, y mi nuevo nombre sonaba más bonito en su voz—. Ha sido un verdadero placer conocerte. 

Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesto

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