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cdvillarreal

on Mar 25, 2007
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C. S. Lewis - Las Crónicas de Narnia - 7. La Última Batalla

1


LAS CRONICAS DE NARNIA
LIBRO VI
LA ULTIMA BATALLA


I JUNTO A LA POZA DEL CALDERO 4
II LA TEMERIDAD DEL REY 11
IV LO QUE SUCEDIO AQUELLA NOCHE 24
VI UN BUEN TRABAJO NOCTURNO 38
VII PRINCIPALMENTE SOBRE LOS ENANOS 44
VIII QUE NOTICIAS TRAJO EL AGUILA 52
IX LA GRAN ASAMBLEA EN EL CERRO DEL ESTABLO 59
X ¿QUIEN ENTRARA AL ESTABLO? 66
XI SE ACELERA EL PASO 72
XII POR LA PUERTA DEL ESTABLO 78
XIII DE COMO LOS ENANOS SE OPUSIERON A QUE LOS EMBAUCARAN 84
XIV LA NOCHE CAE SOBRE NARNIA 92
XV MAS HACIA ARRIBA Y MAS HACIA ADENTRO 100
XVI ADIOS A LAS TIERRAS IRREALES 106
COMENTARIO 114


I JUNTO A LA POZA DEL CALDERO

En los últimos días de Narnia, muy lejos hacia el oeste, más allá del
Páramo del Farol y muy cerca de la gran catarata, vivía un Mono. Era tan viejo que
nadie podía recordar cuándo había venido a vivir en aquellos parajes, y era el
Mono más listo, más feo y más arrugado que te puedas imaginar. Tenía una casita
hecha de madera y con techo de hojas en la horcadura de un árbol inmenso, y su
nombre era Truco. Había muy pocas Bestias que Hablan, u Hombres o Enanos en
aquella parte del bosque, pero Truco tenía un amigo y vecino que era un burro
llamado Cándido. Al menos ellos decían que eran amigos, pero como estaban las
cosas podrías pensar que Cándido era más bien el sirviente de Truco que su
amigo. Él hacía todo el trabajo. Cuando iban juntos al río, Truco llenaba de agua
las grandes botellas de cuero, pero era Cándido quien las llevaba de vuelta.
Cuando necesitaban algo de los pueblos que hay más allá del río, era Cándido el
que bajaba con cestos vacíos en su lomo y regresaba con los cestos repletos y muy
pesados. Y todas las cosas buenas que Cándido traía se las devoraba Truco; pues
Truco decía: "Entiende, Cándido, yo no puedo comer pasto y cardos como tú, así
es que lo más justo es que me las arregle de alguna otra manera". Y Cándido
siempre respondía: "Por supuesto, Truco, por supuesto. Ya entiendo". Cándido
jamás se quejaba, porque sabía que Truco era lejos más inteligente que él y
pensaba que Truco era muy bondadoso sólo con permitirle ser su amigo. Y si
alguna vez Cándido pretendió discutir sobre algo, Truco de inmediato le decía:
"Mira, Cándido, yo entiendo mejor que tú cómo deben hacerse las cosas. Sabes
que no eres muy listo, Cándido". Y Cándido siempre decía: "No, Truco. Es muy
cierto. No soy listo". Exhalaba un suspiro y hacía todo lo que Truco había dicho.
Una mañana, a comienzos del año, la pareja caminaba por la orilla de la Poza
del Caldero. La Poza del Caldero es la poza grande que queda justo debajo de los
acantilados del confín occidental de Narnia. La gran catarata vierte en ella con el
estrépito de un perpetuo trueno, y al otro lado fluye el Río de Narnia. La catarata
mantiene a la poza constantemente bailando y borboteando y removiéndose como
si estuviese hirviendo y es por eso, claro está, que fue llamada la Poza del Caldero.
Esto se hace más intenso al principio de la primavera cuando el caudal de la
catarata aumenta con toda la nieve que se derrite en las montañas donde nace el
río, mucho más allá de Narnia, en las Tierras Vírgenes del Oeste. Y cuando estaban
mirando la Poza del Caldero, de súbito Truco señaló con su dedo oscuro y
brillante, diciendo:
-¡Mira! ¿Qué será eso?


-¿Qué será qué? -preguntó Cándido.
-Esa cosa amarilla que acaba de bajar por la catarata. ¡Mira! Ahí va de
nuevo, está flotando. Tenemos que saber qué es.
-¿Es preciso? -dijo Cándido.
-Claro, es preciso -repuso Truco-. Podría ser algo que nos sirva. Lo único
que tienes que hacer es saltar dentro de la Poza como un buen chico y sacarlo.
Entonces podremos darle una mirada.
-¿Meterme a la Poza? -dijo Cándido, moviendo nerviosamente sus largas
orejas.
-¿Y de qué otra forma vamos a sacarlo si no lo haces? -dijo el Mono.
-Pero..., pero -balbuceó Cándido-, ¿no sería mejor que fueras tú? Porque
ya ves que eres tú el que quiere saber qué es eso, yo no mucho. Y tú tienes manos,
además. Eres hábil como cualquier hombre o enano cuando se trata de coger cosas.
Yo sólo tengo mis pezuñas.
-Realmente, Cándido -dijo Truco-. Jamás pensé que podrías decir algo
semejante. No lo esperé de ti, realmente.
-¿Por qué? ¿Qué he dicho para ofenderte? -dijo el Asno, hablando en tono
más humilde, pues se dio cuenta de que Truco estaba profundamente ofendido-.
Sólo quería decir que...
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