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GEORGE ORWELL
1984 SINOPSIS En una supuesta sociedad policial, el estado ha conseguido el control total sobre el individuo. No existe siquiera un resquicio para la intimidad personal: el sexo es un crimen, las emociones están prohibidas, la adoración al sistema es la condición para seguir vivo. La Policía del Pensamiento se encargará de torturar hasta la muerte a los conspiradores, aunque para ello sea necesario acusar a inocentes. Winston y Julia, a pesar de ser miembros del Partido y sabiendo que el Gran Hermano les vigila, se rebelan contra ese poder que se ha adueñado de las conciencias de sus conciudadanos. El camino que seguirán se convertirá en un peligroso laberinto hacia un final incierto. INDICE TOC \o "1-3" \h \z \u PARTE 1 PAGEREF _Toc166719 \h 3 HYPERLINK \l "_Toc166720" CAPITULO I PAGEREF _Toc166720 \h 4 HYPERLINK \l "_Toc166721" CAPITULO II PAGEREF _Toc166721 \h 14 HYPERLINK \l "_Toc166722" CAPITULO III PAGEREF _Toc166722 \h 19 HYPERLINK \l "_Toc166723" CAPITULO IV PAGEREF _Toc166723 \h 24 HYPERLINK \l "_Toc166724" CAPITULO V PAGEREF _Toc166724 \h 30 HYPERLINK \l "_Toc166725" CAPITULO VI PAGEREF _Toc166725 \h 38 HYPERLINK \l "_Toc166726" CAPITULO VII PAGEREF _Toc166726 \h 41 HYPERLINK \l "_Toc166727" CAPITULO VIII PAGEREF _Toc166727 \h 47 HYPERLINK \l "_Toc166728" PARTE 2 PAGEREF _Toc166728 \h 59 HYPERLINK \l "_Toc166729" CAPITULO I PAGEREF _Toc166729 \h 60 HYPERLINK \l "_Toc166730" CAPITULO II PAGEREF _Toc166730 \h 67 HYPERLINK \l "_Toc166731" CAPITULO III PAGEREF _Toc166731 \h 73 HYPERLINK \l "_Toc166732" CAPITULO IV PAGEREF _Toc166732 \h 79 HYPERLINK \l "_Toc166733" CAPITULO V PAGEREF _Toc166733 \h 86 HYPERLINK \l "_Toc166734" CAPITULO VI PAGEREF _Toc166734 \h 91 HYPERLINK \l "_Toc166735" CAPITULO VII PAGEREF _Toc166735 \h 93 HYPERLINK \l "_Toc166736" CAPITULO VIII PAGEREF _Toc166736 \h 97 HYPERLINK \l "_Toc166737" CAPITULO IX PAGEREF _Toc166737 \h 104 HYPERLINK \l "_Toc166738" CAPITULO X PAGEREF _Toc166738 \h 123 HYPERLINK \l "_Toc166739" PARTE 3 PAGEREF _Toc166739 \h 128 HYPERLINK \l "_Toc166740" CAPITULO I PAGEREF _Toc166740 \h 129 HYPERLINK \l "_Toc166741" CAPITULO II PAGEREF _Toc166741 \h 137 HYPERLINK \l "_Toc166742" CAPITULO III PAGEREF _Toc166742 \h 150 HYPERLINK \l "_Toc166743" CAPITULO IV PAGEREF _Toc166743 \h 158 HYPERLINK \l "_Toc166744" CAPITULO V PAGEREF _Toc166744 \h 163 HYPERLINK \l "_Toc166745" CAPITULO VI PAGEREF _Toc166745 \h 166 HYPERLINK \l "_Toc166746" APENDICE PAGEREF _Toc166746 \h 172 HYPERLINK \l "_Toc166747" Los principios de neolengua PAGEREF _Toc166747 \h 173 PARTE 1 CAPITULO I Era un día luminoso y frío de abril y los relojes daban las trece. Winston Smith, con la barbilla clavada en el pecho en su esfuerzo por burlar el molestísimo viento, se deslizó rápidamente por entre las puertas de cristal de las Casas de la Victoria, aunque no con la suficiente rapidez para evitar que una ráfaga polvorienta se colara con él. El vestíbulo olía a legumbres cocidas y a esteras viejas. Al fondo, un cartel de colores, demasiado grande para hallarse en un interior, estaba pegado a la pared. Representaba sólo un enorme rostro de más de un metro de anchura: la cara de un hombre de unos cuarenta y cinco años con un gran bigote negro y facciones hermosas y endurecidas. Winston se dirigió hacia las escaleras. Era inútil intentar subir en el ascensor. No funcionaba con frecuencia y en esta época la corriente se cortaba durante las horas de día. Esto era parte de las restricciones con que se preparaba la Semana del Odio. Winston tenía que subir a un séptimo piso. Con sus treinta y nueve años y una úlcera de varices por encima del tobillo derecho, subió lentamente, descansando varias veces. En cada descansillo, frente a la puerta del ascensor, el cartelón del enorme rostro miraba desde el muro. Era uno de esos dibujos realizados de tal manera que los ojos le siguen a uno adondequiera que esté. EL GRAN HERMANO TE VIGILA, decían las palabras al pie. Dentro del piso una voz llena leía una lista de números que tenían algo que ver con la producción de lingotes de hierro. La voz salía de una placa oblonga de metal, una especie de espejo empeñado, que formaba parte de la superficie de la pared situada a la derecha. Winston hizo funcionar su regulador y la voz disminuyó de volumen aunque las palabras seguían distinguiéndose. El instrumento (llamado teidoatítalia) podía ser amortiguado, pero no había manera de cerrarlo del todo. Winston fue hacia la ventana: una figura pequeña y frágil cuya delgadez resultaba realzada por el «mono» azul, uniforme del Partido. Tenía el cabello muy rubio, una cara sanguínea y la piel embastecida por un jabón malo, las romas hojas de afeitar y el frío de un invierno que acababa de terminar.
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