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vertice

on Oct 28, 2009
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Selección universal de poesía-02

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Manuel Altolaguirre

Lluvia
El cielo se da despeinado,
su melena de cristal
se destrenza en el sembrado.

Espejo y Eco
1 A la orilla
A la orilla del lago
cercado de montañas
jugamos al billar con nuestras voces.

2 ¿Por qué?
¿Por qué no tiene memoria
el acantilado aquel
que tan bien me repetía
tus gritos de colegiala?

Las barcas

Las barcas de dos en dos
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

Yo y mi sombra, ángulo recto.
Yo y mi sombra, libro abierto.
(...)


El egoísta

Era dueño de sí, dueño de nada
(...)



"en el blanco suicido de las aguas" (Poema del agua)
"Mi soledad llevo dentro/torre de ciegas ventanas" (Poemas de asedio)
"Somos el polen de la tierra..." (Polen)
"Las islas invitadas" (Las islas invitadas)
"Era dueño de sí, dueño de nada" (El egoísta)
"Ni un músculo se mueve/en tu fuga veloz, nube tranquila" (La Nube)
"El aire, dios del tacto" (El aire)

Tu desnudo
(...)
¡Qué crepúsculo bello
de rubor y cansancio
era tu piel! Estabas
como un astro sin brillo,
recibiendo del sol
la luz de tu contorno.

Sólo bajo tus pies era de noche

SOLEDAD SIN OLVIDO

¡Qué pena ésta de hoy!
Haberlo dicho todo,
volcando por completo
lo que pesaba tanto,
y ver luego que todo
se queda siempre dentro,
que las palabras fueron
espejos engañosos,
cristales habitados
por fantasmas sin vida;
que todo queda dentro
con sus negras presencias,
insistentes, doliendo.

Fábula


Eco, perseguidora de Narciso,
ahora quieta, apretada,
sin voz ni sangre, mineral, se opone
a la dilatación de los sonidos.

Alta roca vestida con espejos,
detrás de los cristales de su brillo
negras paredes niegan a su alma
sendas conducidoras de lo externo.

Aislada, meditando, sin oídos,
en el silencio de su piel los vértices
de las luces y voces rechazadas.
Su pena tiene por lenguaje un río.

¿Qué no dirán las aguas transparentes
hablando del amor que la consume?
¿Qué pintura no harán de la belleza
de quien al contemplarse en tal murmullo
inmóvil desnudó su pensamiento?

¡Oh, blanca flor sin carne en la ribera!
¿Cómo olvidar tu forma conseguiste?
¿Cómo pudiste derribar los muros
que guardaban tu alma inaccesible?

Ahora, ya flor o puro pensamiento,
tu perfume, alma externa, se dilata
amorosa, engolfándose en el aire.
Esto quedó de ti, de tu hermosura.

Al verla reflejada en la corriente
supiste transformarla en poesía.
Eso quedó de ti. Y tu recuerdo
dibujado en la entraña de una roca,
continua madre, manantial de un río.

No ME HAS QUERIDO

No me has querido y huyes por tus años,
dejándome el recuerdo permanente
de una durable juventud perfecta.
Otros verán tu vida deshacerse.
Yo conservaré siempre en mi memoria
lo que mis ojos no tendrán en suerte.
Dejarás de ser tú aunque no mueras;
aunque no vivas te tendré en mi frente.
Siempre joven serás en mi recuerdo.
Esto gané, mi vida, con perderte.

A UN OLMO

¡Qué lenta libertad vas conquistando
con un silencio lleno de verdores!

Apenas si se nota en ti la vida
y nada hay muerto en ti, olmo gigante.
Tus hojas tan pequeñas me enternecen,
te aniñan, te disculpan
de los brutales troncos de tus ramas.
Las hojas que resbalan por tu rostro
parecen el espejo de mi llanto,
parecen las palabras cariñosas
que me sabrías decir si fueras hombre.

¡Quién como tú pudiera ser tan libre,
con esa libertad lenta y tranquila
con la que así te vas formando!
Tú permaneces, pero te renuevas,
estás bien arraigado, pero creces,
y conquistas el cielo sin derrota,
dueño de tu comienzo y de tus fines.

Si yo tuviera comunicaciones
con las duras raíces ancestrales;
si mis antepasados retorcidos
me retuvieran firmes desde el suelo;
si mis hijos, mis versos y las aves
brotaran de mis brazos extendidos,
como un hermano tuyo me sintiera.
Olmo, dios vegetal, bajo tu sombra,
bajo el rico verdor de tus ideas,
amo tu libertad, que lentamente
sobrepasa los duros horizontes,
y me quejo de mí, tan engañado,
andando suelto para golpearme
contra muros de cárcel y misterio.
Las tinieblas son duras para el hombre.

ELEGÍA AL POETA ANTONIO MACHADO

Dejé la vida y me vestí de olvido
recorriendo la muerte por buscarte
sin que tu sombra hundida en otras sombras
reconociese mi furtiva noche.
En el dolor de España te he sentido
confundiendo mi llanto con tu llanto
en el aire tu voz sobre la mía
dándose sombra y luz, y un mismo fuego.
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