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191 pages
Español
#220866

Mankell, Henning - KW 09 - La pirámide

La pirámide
Henning Mankell




Título original: Pyramiden
Traducción del sueco: Carmen Montero Cano

Fotografía de la cubierta: © Barry Lewis/Corbis

© Henning Mankell, 1999. Publicado por acuerdo con Ordfronts Forlag AB,
Estocolmo, y Leonhardt & Høier Literary Agency aps., Copenhague
© Tusquets Editores, S.A, 2005
© de la traducción: Carmen Montes Cano, 2005
© de la presente edición
Editorial Planeta DeAgostini, S. A., 2006
Avda. Diagonal, 662-664. 08034 Barcelona
www.planetadeagostini.es

ISBN: 978-84-674-3442-2
Depósito legal: B-45 867-2006

Imprime: Cayfosa - Quebecor, S. A.
Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona)
Distribuye: Logista Publicaciones
Aragonés, 18 - Polígono Industrial Alcobendas
28018 Alcobendas (Madrid)

Printed in Spain - Impreso en España

Edición Digital: Adrastea
Corrección: Unamas
Abril 2007





Índice
 TOC \o "1-3" \h \z \u
Prefacio  PAGEREF _Toc163841678 \h 6
 HYPERLINK \l "_Toc163841679" La cuchillada  PAGEREF _Toc163841679 \h 8
 HYPERLINK \l "_Toc163841684" La grieta  PAGEREF _Toc163841684 \h 98
 HYPERLINK \l "_Toc163841685" El hombre de la playa  PAGEREF _Toc163841685 \h 119
 HYPERLINK \l "_Toc163841686" La muerte del fotógrafo  PAGEREF _Toc163841686 \h 149
 HYPERLINK \l "_Toc163841687" La pirámide  PAGEREF _Toc163841687 \h 215






Para Rolf Lassgård,*
con cariño, gratitud y gran admiración.
Él ha sabido descubrirme a un Wallander
que yo mismo desconocía.





Prefacio
Hasta que no terminé de redactar la octava y última parte de la serie sobre Kurt Wallander, no caí en la cuenta de cuál era el subtítulo que, en vano, había estado buscando para ella sin cesar. Una vez que todo lo relativo a Wallander o, al menos, la mayor parte, pertenecía al pasado, comprendí que ese subtítulo debía ser, lógicamente, «Novelas sobre el desasosiego sueco».
Pero lo cierto es que se me ocurrió, como digo, demasiado tarde. Pese a que los libros no eran sino una variación sobre este único tema: «¿Qué estaba sucediendo con el Estado de derecho sueco durante la década de los noventa? ¿Cómo sobreviviría la democracia si los fundamentos de dicho Estado no se mantenían ya intactos? ¿No tendrá la democracia sueca un precio que pueda llegar a parecemos demasiado alto y deje de merecer la pena pagar?».
Precisamente estas preguntas han sido el motivo de la mayor parte de las cartas que he recibido, de las que deduje que no eran pocos los lectores cuyas observaciones y juicios podían considerarse como muy acertados. Y creo que bien puedo dar por confirmado el hecho de que Wallander ha funcionado como una especie de portavoz de la sensación de inseguridad dominante que muchos ciudadanos experimentaban, de su indignación y de sus justas valoraciones sobre la relación entre el Estado de derecho y la democracia. Se trataba unas veces de largas cartas en sobres abultados o de sencillas tarjetas postales procedentes de lugares extraños de los que nunca había oído hablar; en otras ocasiones, era una llamada telefónica la que me alertaba a deshoras o unas palabras excitadas que me llegaban por correo electrónico.
Sin embargo, no han sido el Estado de derecho y la democracia los únicos temas de consulta. En efecto, algunas de las cuestiones planteadas por los lectores aludían a las incoherencias que muchos de ellos habían detectado, con no poco regocijo, en mis novelas. En la práctica totalidad de los casos en que los lectores habían detectado «fallos», éstos eran, ciertamente, reales (y permítanme que, de una vez por todas, deje aquí bien claro que, también en este volumen, surgirán nuevas incoherencias, pero que así son las cosas, ¡esto es lo que hay! Y no se ha de culpar al redactor editorial, pues no habría podido encontrar a nadie más diligente que Eva Stenberg).
En cualquier caso, en la mayor parte de las cartas, el remitente acababa formulando la misma pregunta: ¿qué había ocurrido con Wallander antes de que comenzase la serie policiaca? Es decir, indagaba acerca de todo lo que sucedió, con una indicación temporal exacta, antes del 8 de enero de 1990, la mañana en que, a hora bien temprana, Wallander fue arrancado de su sueño al comienzo de Asesinos sin rostro. Y no crean que no comprendo el hecho de que la gente se pregunte cómo empezó todo: cuando Wallander entra en escena tiene ya cuarenta y dos años, y anda camino de los cuarenta y tres. Pero, para esa fecha, él ya lleva mucho tiempo siendo policía, ha estado casado y aparece como separado, tiene una hija y, en un momento dado, se desliga de la ciudad de Malmö para refugiarse en Ystad.

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