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LordBlazer

on Sep 23, 2009
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El Gemelo De La Montana

1


LA ESPADA DE LA VERDAD
VOLUMEN 10
El Gemelo de la Montaña
TERRY GOODKIND
TIMUN MAS


Diseño de cubierta: Valerio Viano
Ilustración de cubierta: Anne Sudworth
Título original: Soul of the Fire
Traducción: Joana Claverol
Primera edición: abril de 2005
© 1999, Terry Goodkind
© Grupo Editorial Ceac, S.A., 2005
Diagonal, 662-664. 08034 Barcelona (España)
Timun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S.A.
www.timunmas.com
ISBN: 84-480-3233-0
Depósito legal: M. 10.477-2005
Impreso en España por Brosmac, S.L.


A James Frenkel, un hombre con mucha
paciencia, coraje, integridad y talento


1
Fitch, con la cabeza gacha, veía las piernas y los pies de maese Spink, que se paseaba entre los bancos. Sus botas resonaban lentamente contra el suelo de madera. Algunos de los presentes, sobre todo las mujeres más maduras, se sorbían la nariz mientras sollozaban en silencio.
El muchacho no las culpaba. A veces también él acababa llorando en las asambleas de penitencia. Aunque comprendía que era necesario aprender determinadas lecciones para combatir su malvada naturaleza haken, resultaba muy duro escucharlas.
Cuando maese Spink daba clase, Fitch prefería mirar al suelo, por temor a que sus miradas se trabaran por casualidad. Era incapaz de mirar a los ojos de un ander que le explicaba los horrores que habían sufrido sus antepasados a manos de los antepasados de Fitch sin sentirse abochornado.
-Y ocurrió -prosiguió maese Spink- que las hordas hakens se toparon en su camino con esa pobre aldea de campesinos. Pensando en la seguridad de sus familias, los lugareños se habían reunido con otros anders sencillos de granjas y varias aldeas cercanas. Juntos rezaron al Creador para repeler con éxito a los sanguinarios invasores.
»Tal era su desesperación que ya habían ofrecido a los hakens casi todos sus alimentos y su ganado en gesto de paz. Enviaron mensajeros para explicar lo que les ofrecían y transmitir sus deseos de paz, pero ninguno de esos valientes regresó.
»Así pues, idearon un plan muy simple: se dirigirían a la cresta de una colina y agitarían las armas por encima de la cabeza como demostración de fuerza. Su intención no era invitar a la lucha, naturalmente, sino convencer a los hakens de que pasaran de largo de sus aldeas. Ellos eran campesinos, no soldados, y las armas que agitaban eran herramientas de granja. No querían guerra, sino vivir en paz.
»Allí estaban todos, los hombres de los que os he hablado: Shelby, Willan, Camden, Edgar, Newton, Kenway y el resto. En estas últimas semanas os he contado las historias de esos hombres buenos y afectuosos; sus amores, sus vidas, sus esperanzas, sus sueños sencillos y modestos. Allí estaban, en lo alto de la colina, esperando poder convencer a los brutos hakens de que pasaran de largo. Agitaban en el aire sus herramientas: hachas, azadas, hoces, horcas, mayales, con la esperanza de proteger a sus esposas e hijos, de los que también os he hablado.
Las botas de maese Spink resonaron en el suelo al acercarse a Fitch.
-Pero el ejército haken decidió no respetar la vida de esos hombres sencillos. Riéndose y gritando, los hakens usaron el Dominie Dirtch contra esos pobres hombres.
Algunas de las chicas dieron un respingo y otras gimieron en voz alta. Incluso Fitch notó que el miedo le atenazaba las entrañas y le formaba un nudo en la garganta. También él tuvo que contener las lágrimas al imaginarse esa muerte horripilante. Conocía a esos hombres de la colina, conocía los nombres de sus esposas, sus padres y sus hijos. Las botas de maese Spink se detuvieron justo a su lado. El muchacho ocupaba el último lugar del banco, cerca del pasillo central.
-Y mientras esos bastardos hakens asesinos, vestidos con uniformes elegantes, se reían y vitoreaban -continuó diciendo maese Spink-, el Dominie Dirtch sonó con terrible violencia y les arrancó la carne de los huesos.
Fitch notaba los ojos oscuros del ander clavados en la nuca. Las mujeres y muchos de los hombres daban rienda suelta a su pena.
-Los lamentos de esos pobres campesinos anders se elevaron hacia el cielo de Anderith. Fue su último grito en esta vida antes de que sus cuerpos fuesen despedazados por esos salvajes hakens primorosamente vestidos, que reían y se burlaban mientras empleaban el Dominie Dirtch: un arma cruel concebida para masacrar.
Una de las mujeres de más edad lanzó un grito de horror. Maese Spink no se movió del lado de Fitch. En esos momentos el muchacho no se sentía tan orgulloso de su atuendo de mensajero como cuando tomó asiento entre los susurros de asombro de los demás asistentes a la asamblea.
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