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LA ESPADA DE LA VERDAD
VOLUMEN 9 El Espíritu del Fuego TERRY GOODKIND TIMUN MAS Diseño de cubierta: Valerio Viano Ilustración de cubierta: Anne Sudworth Título original: Soul of the Fire Traducción: Joana Claverol Primera edición: abril de 2005 © 1999, Terry Goodkind © Grupo Editorial Ceac, S.A., 2005 Diagonal, 662-664. 08034 Barcelona (España) Timun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S.A. www.timunmas.com ISBN: 84-480-3232-2 Depósito legal: M. 10.476-2005 Impreso en España por Brosmac, S.L. A James Frenkel, un hombre con mucha paciencia, coraje, integridad y talento Guardaos cuando el día se funde con la oscuridad. Guardaos de las encrucijadas, por donde merodean. Acechan en el crepitar del fuego y viajan fácilmente en las chispas. Guardaos de los espacios sombríos entre rocas, bajo las cosas, los agujeros, cavernas y pozos de todo tipo. Guardaos de los peñascos, los bordes y las orillas del agua, pues esos seres incorpóreos se deslizan por los límites, donde lo de aquí se encuentra con lo de allí. Algunos son de una terrible belleza gélida. Casi todos se moldean a capricho. Suelen reclamar atención. Sobre todo no los provoques, pues gozan causando mucho daño y son extremadamente peligrosos. Son ladrones de la magia, incansables cazadores, sin sentimientos y sin alma. Fijaos bien en lo que digo: guardaos de los repiques y, en caso de necesidad extrema, dibujad tres veces en la tierra árida, con arena, sal y sangre una Gracia fatal. Traducido del diario de Koloblicin 1 -Me pregunto qué les pasa a los pollos -dijo Richard. Kahlan se acurrucó contra el hombro de Richard. -Tal vez tu abuelo les está dando la lata también a ellos. -En vista de que Richard no respondía, Kahlan echó la cabeza hacia atrás para observarlo a la tenue luz del fuego. Richard miraba la puerta-. O quizá protestan porque no les hemos dejado pegar ojo esta noche. Richard sonrió y la besó en la frente. Ya no se oía a los pollos al otro lado de la puerta. Kahlan pensó que sin duda los niños de la aldea, que seguían celebrando la boda, los habían espantado del murete que se alzaba junto a la casa de los espíritus, donde les gustaba posarse, y se lo dijo a Richard. Hasta su tranquilo refugio les llegaban los lejanos sonidos de risas, conversaciones y canciones. La fragancia de los palitos embadurnados con resina que siempre quemaban en la casa de los espíritus se mezclaba con el penetrante olor del sudor fruto de la pasión y el aroma dulce y picante de cebollas y pimientos asados. Kahlan contempló un segundo el resplandor del fuego que se reflejaba en los ojos grises de Richard antes de volverse a acurrucar entre sus brazos y mecerse suavemente al son de los tambores y las boldas. Éstas eran instrumentos huecos en forma de campana, con crestas grabadas que se rascaban con una especie de paletas, produciendo extrañas e inquietantes melodías. Su música se filtraba en la soledad de la casa de los espíritus antes de perderse hacia la llanura. Era el modo de invitar a los espíritus de los antepasados a unirse a la celebración. Richard se estiró hacia un lado para coger un pedazo redondo y plano de pan de tava de la fuente que su abuelo Zedd les había llevado. -Aún está caliente. ¿Quieres un poco? -¿Ya os habéis aburrido de vuestra esposa, lord Rahl? -Kahlan sonrió al oír cómo Richard se reía, satisfecho. -Estamos casados de verdad, ¿no? No ha sido sólo un sueño, ¿verdad? A Kahlan le encantaba su risa. Había pedido tantas veces a los buenos espíritus que Richard volviera a reír... y también ella. -Es un sueño hecho realidad -murmuró, y desvió su atención del pan de tava para darle un beso muy largo. La respiración del joven se aceleró al estrecharla entre sus fuertes brazos. Kahlan le acarició los hombros, anchos, musculosos y resbaladizos por el sudor, hasta hundir los dedos en el espeso cabello de Richard. Gemía suavemente. Precisamente allí, en la casa de los espíritus de la gente barro, fue donde una noche Kahlan se dio cuenta por primera vez de que estaba perdidamente enamorada de él. Pero en aquel entonces, de eso le parecía que había pasado una eternidad, le estaba prohibido amar y lo mantuvo en secreto. Fue en el curso de esa visita que, después de mucho batallar, esforzarse y sacrificarse, fueron aceptados en la comunidad de ese remoto pueblo. También en la casa de los espíritus, aunque en una visita posterior, después de que Richard logró lo imposible y rompió el hechizo de la prohibición, fue donde le pidió que se casara con él. Y por fin habían pasado su noche de bodas en la casa de los espíritus de la gente barro.
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