welcome!  login | sign up   Facebook Connect
 
Read what you like. Share what you write.

Posted by

LordBlazer

on Sep 09, 2009
Become a fan

El templo de los vientos

1


LA ESPADA DE LA VERDAD
VOLUMEN 8
El Templo de los Vientos
TERRY GOODKIND
TIMUN MAS


Diseño de cubierta: Valerio Viano
Ilustración de cubierta: Mercedes Palacios
Mapa: Terry Goodkind
Título original: Temple of the Winds
Traducción: Joana Claverol
©1997, Terry Goodkind
Published in agreement with the author, c/o BAROR INTERNATIONAL, INC., Armonk, New York, USA
© Grupo Editorial Ceac, S.A., 2004
Diagonal, 662-664. 08034 Barcelona (España)
Timun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S.A.
www.scyla.com
ISBN: 84-480-3223-3 (Obra completa)
ISBN: 84-480-3231-4 (Volumen 8)
Depósito legal: B. 20.633-2004
Impreso en España por A&M Gràfic, S.L.


A mi amiga Rachel Kahlandt, que comprende
AGRADECIMIENTOS
Quisiera dar las gracias a mi editor, James Frenkel, por su ayuda y su paciencia, así como también a todas las personas que trabajan tan duramente en Tor. Gracias también a mi editora británica, Caroline Oakley por su perspicacia; a mi agente, Russell Galen, por su guía y apoyo; a mi amigo, el doctor Donald L. Schassberger por sus consejos expertos, y a Keith Parkinson por su inspirado diseño de cubierta.


1
A través del cálido vórtice multicolor, Zedd oyó a Ann gritar su nombre. Aunque estaban muy cerca, sonaba como una súplica muy lejana. Encaramado en la roca de mago y sumido en un flujo de poder, era como si esa voz procediera de otro mundo. Y en muchos aspectos así era.
Nuevamente sonó la voz de Ann: irritante, insistente, apremiante. Zedd no hizo caso y alzó los brazos hacia las volutas de luz que giraban. El mago distinguió ante él figuras de espíritus apenas perfiladas. Casi había pasado.
Súbitamente, el muro de poder comenzó a derrumbarse. Las mangas de la túnica se le deslizaron hacia los codos cuando Zedd retorció las manos y las elevó aún más para transmitir más potencia al campo mágico y estabilizarlo. Pero era como si subiera frenéticamente un cubo de agua de un pozo y lo encontrara vacío.
Chispas multicolores se extinguieron. El remolino de luz degeneró en una mancha de color turbia y sombría. Fue cayendo con velocidad creciente hasta hundirse por completo.
Zedd no daba crédito.
La curvatura en el mundo de la existencia que el mago había forjado con tanto esfuerzo se extinguió con un ruido sordo que hizo estremecer el suelo.
Zedd agitó los brazos en molinete mientras que Ann lo agarraba por el cuello de la túnica y tiraba de él hacia atrás para hacerlo caer de la roca. El mago se tambaleó hacia atrás, y ambos dieron con los huesos en el suelo.
Privada de la magia que le daba vida, la roca también se derrumbó. No fue obra de Zedd, sino que la roca de mago recuperó su estado inerte por sí misma. Eso acabó de desconcertar a Zedd.
-¡Córcholis, mujer! ¿Qué significa esto?
-No reniegues contra mí, viejo rezongón. No sé por qué me molesto en salvarte el pellejo.
-¿Por qué has interferido? ¡Estaba a punto de lograrlo!
-Yo no he interferido -gruñó Ann.
-Pues si no has sido tú... -Zedd lanzó una rápida mirada hacia las oscuras colinas-. ¿Quieres decir que...?
-De repente perdí el contacto con mi han. Trataba de advertirte, no de detenerte.
-¡Oh! -repuso Zedd con un hilo de voz-. Eso lo cambia todo. -Extendió un brazo, recogió la roca de mago y mientras se la guardaba en un bolsillo interior preguntó-: ¿Por qué no lo dijiste antes?
-¿Averiguaste algo antes de perder el contacto? -inquirió la mujer, tratando de atravesar la oscuridad con la mirada.
-No pude establecer contacto.
-¿Qué? -exclamó Ann-. ¿Qué significa que no pudiste establecer contacto? ¿Qué has estado haciendo tanto tiempo?
-Intentándolo -explicó Zedd mientras cogía una manta-. Pero algo fue mal, y no conseguí llegar. Recoge tus cosas. Será mejor que nos vayamos.
Ann cogió una alforja y comenzó a guardar sus bártulos de cualquier manera.
-Zedd, ésa era nuestra esperanza -dijo en tono preocupado-. Pero ahora que has fallado...
-Yo no he fallado -repuso el mago bruscamente-. Al menos, no ha sido culpa mía que no funcionara. -Ann le apartó las manos de un manotazo cuando la empujó hacia el caballo.
-¿Por qué no ha funcionado?
-Las lunas rojas.
Ann se volvió y clavó en él la mirada.
-¿Crees que...?
-No es algo que haga a menudo ni a la ligera. En toda mi vida solamente he establecido contacto con el mundo de los espíritus unas pocas veces. Cuando mi padre me entregó la roca me advirtió que únicamente debía usarla en situaciones muy graves, pues se corre el peligro de que espíritus equivocados crucen y, lo peor, que rasguen el velo. Siempre que me ha costado establecer contacto ha sido por una falta de armonía. Las lunas rojas son un aviso de un tipo u otro de desarmonía.
/ 165 Next Page

Comments & Reviews ^top


Login to post your comment.
Be the first to comment on this!


Recommended


La profecia de la luna roja

La Senora de la Muerte

El Espiritu de Fuego

Las Cajas del Destino

Leyendas de la Dragonlance. 1- El templo de Istar (Weis-Hickman)

Sobre verdad y mentira en sentido extramoral - Friedrich Nietzsche

13 cynsterla verdad sobre el amor