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LordBlazer

on Sep 09, 2009
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La profecia de la luna roja

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LA ESPADA DE LA VERDAD
VOLUMEN 7
La Profecía de la Luna Roja
TERRY GOODKIND
TIMUN MAS


Diseño de cubierta: Valerio Viano
Ilustración de cubierta: Royo
Mapa: Terry Goodkind
Título original: Temple of the Winds
Traducción: Joana Claverol
©1997, Terry Goodkind
Published in agreement with the author, c/o BAROR INTERNATIONAL, INC., Armonk, New York, USA
© Grupo Editorial Ceac, S.A., 2004
Diagonal, 662-664. 08034 Barcelona (España)
Timun Mas es marca registrada por Grupo Editorial Ceac, S.A.
www.scyla.com
ISBN: 84-480-3223-3 (Obra completa)
ISBN: 84-480-3230-6 (Volumen 7)
Depósito legal: B. 1566-2004
Impreso en España por A&M Gràfic. S.L.


A mi amiga Rachel Kahlandt, que comprende
AGRADECIMIENTOS
Quisiera dar las gracias a mi editor, James Frenkel, por su ayuda y su paciencia, así como también a todas las personas que trabajan tan duramente en Tor. Gracias también a mi editora británica, Caroline Oakley por su perspicacia; a mi agente, Russell Galen, por su guía y apoyo; a mi amigo, el doctor Donald L. Schassberger por sus consejos expertos, y a Keith Parkinson por su inspirado diseño de cubierta.


1
-Permitid que lo mate -pidió Cara. Sus botas repicaban como dos mazos de piel sin curtir contra el suelo de mármol pulido.
Las flexibles botas de piel que calzaba Kahlan por debajo del elegante vestido largo y blanco de Confesora resonaban suavemente contra la fría piedra, mientras trataba de mantener el paso sin echar a correr.
-No.
Cara continuó impasible, con los ojos azules clavados en el ancho corredor que se abría ante ellas y que se perdía en la distancia. En el siguiente cruce se encontraron con una docena de soldados d'haranianos con uniforme de cota de malla y cuero, armados con sencillas espadas o hachas de guerra en forma de media luna colgadas del cinto. Pese a llevar las armas envainadas, mantenían las manos sobre las empuñaduras de madera en actitud vigilante y escrutaban las sombras que se creaban en los huecos de las puertas y entre las columnas situadas a ambos lados. Solamente interrumpieron la vigilancia para saludar con una rápida inclinación de cabeza a Kahlan.
-No podemos matarlo -explicó Kahlan-. Necesitamos respuestas.
La mord-sith alzó una ceja. Su mirada era de un gélido azul.
-Oh, yo no he dicho que no nos daría las respuestas antes de morir. Cuando termine con él, responderá a cualquier cosa. -Por el armonioso rostro de Cara aleteó una sonrisa amarga-. En eso consiste el trabajo de una mord-sith: obtener respuestas... -hizo una pausa sonriendo de nuevo, esta vez con satisfacción profesional- antes de que los interrogados mueran.
Kahlan exhaló un suspiro.
-Cara, ése ya no es tu trabajo, ni tampoco tu vida. Ahora tu tarea consiste en proteger a Richard.
-Justamente por eso deberíais dejar que lo matara. No podemos arriesgarnos a que siga con vida.
-No. Antes debemos averiguar qué está pasando, y no lo lograremos si actuamos como tú dices.
La sonrisa de Cara, pese a ser forzada, volvió a desaparecer.
-Como vos digáis, Madre Confesora.
Kahlan se preguntó cómo habría conseguido Cara embutirse en el ceñido traje de cuero rojo tan de prisa. Al menor signo de problemas, al menos una de las tres mord-sith aparecía como salida de la nada vestida de cuero rojo. Como no se cansaban de explicar, era rojo para que no se viera la sangre.
-¿Estás segura de que ese hombre ha dicho eso? ¿Han sido ésas sus palabras?
-Sí, Madre Confesora, son sus palabras exactas. Deberíais dejarme que lo matara para evitar la menor posibilidad de que llegue a cumplirlas.
De nuevo, Kahlan no hizo caso de la petición y continuó recorriendo apresuradamente el pasillo.
-¿Dónde está Richard?
-¿Queréis que vaya a buscar a lord Rahl?
-¡No! Sólo quiero saber dónde está por si acaso surgen problemas.
-Yo diría que ya han surgido.
-Has dicho que unos doscientos soldados d'haranianos lo apuntan con sus armas. ¿Qué problemas puede crear un hombre con tantas espadas, hachas y flechas dirigidas contra él?
-Mi anterior amo, Rahl el Oscuro, sabía que el acero solo no siempre conjura el peligro. Por eso siempre tenía cerca una mord-sith lista para entrar en acción.
-Rahl el Oscuro era un ser malvado que asesinaba a personas sin molestarse en comprobar antes si realmente representaban un peligro para él. Richard no es así, y yo tampoco. Sabes perfectamente que si la amenaza es real, no dudo en eliminarla. Pero si ese hombre es más de lo que parece, ¿por qué se encoge tímidamente delante de todo ese acero? Además, como Confesora que soy, no estoy indefensa, ni mucho menos ante amenazas que las armas convencionales no puedan detener.
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