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La triste vida.

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En una época donde el mundo está en caos. Donde el cielo se oscurece bajo la sombra de los aviones de guerra. Donde los caminos se llenan de la sangre de los valientes que dejaron la seguridad de sus hogares para salir a luchar por su patria, adentrándose en caminos desconocidos y llenos de trampas, dejando a sus familias atrás, dejándolas desprotegidas y con la amenaza de que una bomba cayera sobre sus tejados, quitándoles la vida a pequeños que no tuvieron la oportunidad de conocer un mundo de paz. Que no tuvieron la oportunidad de dormir tranquilos una sola noche.

La lluvia azotaba el lastimado cuerpo de la mujer, corría entre los arboles buscando un lugar donde una nueva vida pueda llegar al mundo. Las contracciones provocaban que sus piernas temblaran llevándola contra el lodoso suelo.

Cansada, aburrida, frustrada lloraba golpeando el piso con sus manos. Su hijo no podría llegar al mundo en un lugar así, rodeado de inmundicia y sin la compañía de su padre.

Su padre, un soldado estadounidense muerto en el campo de batalla y ella, una alemana, ¿Por qué tuvo que enamorarse del enemigo?

Cuando se enteraron de su embarazo, la apedrearon, escupieron, después de todo era una traidora.

Un romance prohibido, una traición.

Cuando los dolores se volvieron aun más agudos, casi imposibles de soportar la joven desgraciada supo que había llegado el momento. Ya no podría correr más, ni alargar la situación. Debería traer una vida al mundo en aquel inmundo lugar.

Pujo e hizo lo posible para que el niño naciera, pero no pudo. Según la vasta experiencia que había reunido ayudando en partos el bebe venia en una mala posición.

Su piel se volvió fría, estaba perdiendo mucha sangre.

Vio como las luces del cielo se extinguían para ella, tal como un árbol de navidad viejo se seca, se apagaban, junto con las esperanzas de aquel pequeño y casi inexistente ser de vivir, de tener la oportunidad de nacer.

La mujer cerró los ojos ya dando por pérdida la oportunidad de traer el fruto de su amor al mundo y cuando comenzaba a perder la consciencia, unas voces la trajeron de vuelta a la realidad.

Sus ojos se abrieron para encontrarse con dos soldados norteamericanos.

-¿Está usted bien?- Dijo con dificultad, con un cargado acento estadounidense.

-M-…Mi hijo…- Dijo baja y cansadamente- A-ayuda.

Los hombres se miraron entre sí dudosos, era alemana, no podían llevarla consigo.

-Por favor…- Dijo casi sin poder respirar bien mientras unas lagrimas frías se desbordaban por sus ojos.

El corazón de los hombres se encogió y no pudieron negarse. El más alto cargo consigo a la mujer hasta un llegar cercano, a su encuentro acudieron un grupo de hombres que miraron incrédulos la escena que frente a ellos tomaba lugar.

La mujer gritaba de dolor en los brazos de su compañero.

-¿Qué le sucede?- Pregunto uno apenas llegaron donde ellos.

Sus palabras quedaron flotando en el aire, nadie tomo en cuenta lo que pregunto el hombre, todos estaban preocupados de la mujer que gritaba mientras un sudor frio le recorrió el cuerpo. Cada vez se volvía más pálida y su respiración se entrecortaba.

No hubo necesario que pasara mucho tiempo ni que examinaran mucho a la mujer, los hombres comprendieron enseguida el problema que ella estaba teniendo.

-¿Pero qué demonios se supone que debamos hacer?- Pregunto un hombre robusto retorciéndose las manos nerviosamente.

-Ya ha perdido mucha sangre –Comento preocupado.

La mujer que –con dificultad– había escuchado todo, comprendió que era su decisión.

 

–Su vida o la del niño–

 

Cerró los ojos sintiendo un dolor retorcerse en su estomago y emerger a su estomago para luego tomar forma en un agónico grito de dolor. No había nada que pensar, la decisión ya estaba tomada.

Los ojos azul cielo de su amado que tan pronto se había marchado grabados en su memoria le dieron fuerzas.

Un grito desgarrador, un dolor, un llanto.

Al escuchar a su hijo la mujer sonrió aliviada y satisfecha y dejo caer su rostro hacia un costado, cerrando nuevamente los ojos, pero esta vez para siempre.

En aquel momento una vida dejo de existir para dar paso a otra, a una nueva.

Los hombres se miraron entre ellos y luego desviaron la mirada a la criatura ensangrentada que yacía sobre los brazos de su compañero mientras lloraba.

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