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¿Jugamos a casarnos?

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Las clases habían pasado tranquilas y Jeanne ya se sentía mucho mejor que esa mañana. La campana anunció el final de las clases así que contenta salió del edificio para encontrarse a su novio esperándola, sus miradas conectaron y ambos sonrieron. Ella corrió a su encuentro y sus labios se buscaron entre sí para besarse lentamente frente a todos los estudiantes que salían del mismo edificio.

—Te tengo una sorpresa —le susurró sobre sus labios. Jeanne echó hacia atrás su cabeza para poder verlo a los ojos y la confusión adornada su rostro tiernamente—. Bueno, es algo así, nos ayudará a ambos —le sonrió—. Pero cúbrete los ojos.

Ella asintió en medio de la confusión y Kris caminó detrás de ella para cubrirle los ojos con sus grandes y fuertes manos, de esta manera ambos empezaron a caminar en dirección al estacionamiento y al llegar ahí el muchacho sonrió confiado mientras veía su auto deportivo de color negro, descubrió los ojos de su novia.

—¡Ta-chan! —imitó un tonto sonido de sorpresa con su boca.

—¿Qué? —preguntó Jeanne en un susurro, ella ya había visto ese auto pero no recordaba dónde ni cuándo y además ¿Por qué Kris tenía un auto si él era un fan de hueso colorado de las motocicletas?

—Compré este auto el pasado fin de semana pero aun había detalles de los que quería asegurarme arreglar antes de que lo vieras —le explicó pero el corazón de la castaña estaba a mil por hora.

—¿Por qué lo compraste? Tú amas las motocicletas —le susurró con sus ojos aun clavados en el elegante auto deportivo. ¡Lo vio esa misma mañana!

—Porque te amo más a ti y ya que tus padres no consideran una motocicleta como un buen transporte decidí comprarme este auto y así poder traerte diario a la universidad —la abrazó por detrás y reposó su barbilla en el hombro de su chica.

—¿Lo compraste por mí? —preguntó y sintió como él asentía sobre su hombro—. ¿Y tú motocicleta?

—La vendí…

—Pero era de tu padre…

—Lo sé y no es como si me trajera lindos recuerdos —se encogió de hombros—. Además creo que un auto es mucho mejor que una motocicleta, podemos ir los dos juntos y tus amigas también pueden venir, cuando necesites llevar las maletas de tu vestuario de teatro lo podemos guardar en la cajuela, aunque esa sí es bastante pequeña pero… —ambos observaron el auto—. Me gustó. ¿Y a ti?

—Me gusta pero debiste de haber gas…

La interrumpió girándola sobre sus talones para besarla, no quería que le preguntara sobre el precio del auto, no le iba a gustar.

—Vamos hay que dar una vuelta —ella asintió mientras mordía internamente su labio inferior.

Kris como de costumbre actuó como un caballero al abrirle la puerta para que ella entrara primero. Jeanne entró al auto nuevo de Kris y vio en el asiento del conductor una bufanda amarilla, era la que llevaba esa misma mañana.

Su corazón empezó a golpearle fuerte en el pecho y cerró los ojos conteniendo las lágrimas ¿Qué era lo que él había visto?

Definitivamente era el auto que había estado esperando a que Matt avanzara mientras ella estaba en el suelo de la carretera.

Kris estaba esperando a que su chica se acomodara dentro del auto para poder cerrarle la puerta pero simplemente parecía que estuviera congelada.

—¿Amor? —preguntó y vio sobre su hombro lo que los ojos de su novia estaban viendo con horror.

Rayos, había olvidado guardarlo en la cajuela para que ella no viera la bufanda. Suspiró y caminó hacia el lado del conductor para entrar.

—Eras tú —murmuró Jeanne al borde del llanto.

—Al principio no sabía que eras tú la que llevaba aquel… chico, pero después que vi que se cayó algo pensé en levantarlo y entregárselo al dueño del auto pero después vi que era tuya. Te llamé a tu celular pero me enviaba al buzón de voz así que pensé que de nuevo se te había hecho tarde, me fui directo a la universidad para sorprenderte ahí y quien se sorprendió fui yo, pero está bien —se encogió de hombros pero Jeanne negaba rápidamente con la cabeza y sus ojos cerrados—. Amor no es…

—No, no está bien. Perdona, hice algo mal pero no… es… él sólo…yo —no podía si quiera terminar de decir una pequeña oración.

—Está bien —se acercó a ella y acarició su mejilla, sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas sin embargo no estaba llorando—. Debe haber alguna razón por la que tú hayas besado a ese chico y no me molesta. Te conozco amor y sé que eres capaz de hacer algunas cosas extremas si alguien te lo pide.

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