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EL SEÑOR DEL TIEMPO II
EL PROSCRITO LOUISE COOPER Cooper, Louise El Señor del Tiempo, vol II El Proscrito - 3 - INDICE CAPITULO 1............................................................................................................4 CAPITULO 2..........................................................................................................31 CAPITULO 3..........................................................................................................54 CAPITULO 4..........................................................................................................84 CAPITULO 5 ........................................................................................................100 CAPITULO 6 ........................................................................................................122 CAPITULO 7 ........................................................................................................142 CAPITULO 8 ........................................................................................................162 CAPITULO 9 ........................................................................................................187 CAPITULO 10 ......................................................................................................215 CAPITULO 11 ......................................................................................................239 CAPITULO 12 ......................................................................................................260 CAPITULO 13 ......................................................................................................279 CAPITULO 14 ......................................................................................................300 CAPITULO 15 ......................................................................................................325 CAPITULO 16 ......................................................................................................345 CAPITULO 1 -Te digo que no encontrarás mejores productos alimenticios en Shu, y ni siquiera en Perspectiva o en Han. -El vendedor puso un puñado de raíces rosadas y purpúreas ante las narices de la compradora y las sacudió casi amenazadoramente-. Y tengo cosas mejores que hacer en el mercado que perder el tiempo con una moza forastera que probablemente no tiene un gravín en el bolsillo. Así que, decídete pronto, ¡si no quieres que azuce a mi perro contra ti! El sarnoso perro híbrido, torpemente tumbado debajo del desvencijado tenderete miró hoscamente a su dueño, y la muchacha a quien se había dirigido el vendedor le miró a su vez, fría e impávida. Tenía ya demasiada experiencia en el regateo para prestar atención a las amenazas y a los insultos; había juzgado la calidad de las frutas y verduras en venta y tomado su propia decisión sobre su precio. Metió una mano sucia en la bolsa colgada de su cinto y sacó una gastada moneda de cobre. -He dicho un cuarto, y no daré más. Lo tomas o lo dejas. Por un instante, el hombre la miró airadamente, resentido por sus modales, por el hecho de que ella no se dejase intimidar y, sobre todo, por la ignominia de tener que regatear con una mujer... y una mujer de baja estofa. Pero era evidente que ella no iba a ceder, y una venta era una venta... En invierno, el negocio era flojo, en el mejor de los casos. Agarró bruscamente la moneda y arrojó las raíces en la bolsa de cáñamo que ella le tendía. -Y la fruta -dijo la muchacha. El hombre añadió de mala gana seis peras arrugadas a las verduras y después escupió en el suelo, a los pies de ella. -¡Toma! ¡Y que los gatos se coman tu cadáver! Cooper, Louise El Señor del Tiempo, vol II El Proscrito - 5 - Rápida pero reflexivamente, la muchacha hizo delante de su propia cara una señal que tenía por objeto frustrar las maldiciones y prevenir contra el mal de ojo y, por un momento, la mirada de sus extraños ojos ambarinos hizo que el vendedor se sintiese claramente inquieto. Algo en ella le había irritado; a juzgar por su acento, era de la costa del Este, y los de aquella región no tenían fama de hechiceros..., pero, al hacer ella aquella señal, había sentido como si el veneno de sus propias palabras se volviese palpablemente contra él. ¡Maldita mujer! No era más que una campesina vestida con ropa vieja de hombre..., pero él tenía su moneda en el bolsillo y esto era lo que contaba. Sin embargo, la miró disimuladamente mientras se alejaba y su inquietud no se desvaneció hasta que se hubo
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