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Mujeres
de arena y mirra Hanan Al-Shaykh Traducción del inglés de Pau y Lluís Mª Todó EDICIONES DEL BRONCE COLECCIÓN DIRIGIDA POR ANNA SOLER-PONT TÍTULO EN INGLÉS: WOMEN OF SAND AND MYRRH CUARTA EDICIÓN: NOVIEMBRE DE 1999 PROYECTO GRÁFICO: COLUMNA COMUNICACIÓ, S.A. © DE LA TRADUCCIÓN, PAU TODÓ Y LLUÍS Mª TODO. © DE LAS CARACTERÍSTICAS DE ESTA EDICIÓN C.E.L.C. / EDICIONES DEL BRONCE CALLE VILADOMAT, 135-08015 BARCELONA ISBN: 84-8300-071-7 DEPÓSITO LEGAL: B-44.982-1999 IMPRESIÓN: HUROPE, S.L. CALLE LIMA. 3 BIS - 08030 BARCELONA ESTA OBRA HA SIDO PUBLICADA CON LA AYUDA DE LA DIRECCIÓN GENERAL DEL LIBRO. ARCHIVOS Y BIBLIOTECAS DEL MINISTERIO DE CULTURA EN LA CUBIERTA, LA SEÑORA GARDNER DE BLANCO (1922). DE JOHN SINGER SARGENT. ADVERTENCIA Este archivo es una copia de seguridad, para compartirlo con un grupo reducido de amigos, por medios privados. Si llega a tus manos debes saber que no deberás colgarlo en webs o redes públicas, ni hacer uso comercial del mismo. Que una vez leído se considera caducado el préstamo del mismo y deberá ser destruido. En caso de incumplimiento de dicha advertencia, derivamos cualquier responsabilidad o acción legal a quienes la incumplieran. Queremos dejar bien claro que nuestra intención es favorecer a aquellas personas, de entre nuestros compañeros, que por diversos motivos: económicos, de situación geográfica o discapacidades físicas, no tienen acceso a la literatura, o a bibliotecas públicas. Pagamos religiosamente todos los cánones impuestos por derechos de autor de diferentes soportes. Por ello, no consideramos que nuestro acto sea de piratería, ni la apoyamos en ningún caso. Además, realizamos la siguiente... RECOMENDACIÓN Si te ha gustado esta lectura, recuerda que un libro es siempre el mejor de los regalos. Recomiéndalo para su compra y recuérdalo cuando tengas que adquirir un obsequio. y la siguiente... PETICIÓN Libros digitales a precios razonables. ÍNDICE TOC \f \o "1-9" \t "Heading 2;2;Heading 1;1;Heading 1;1;Heading 2;2" ÍNDICE 5 1 7 2 21 3 26 4 36 5 43 6 53 7 60 TAMR 71 1 72 2 85 3 90 4 94 5 110 6 117 7 127 SUZANNE 132 1 133 2 142 3 153 4 161 5 174 6 180 7 189 NUR 194 1 195 2 203 3 207 4 212 5 217 6 219 EPÍLOGO - SUHA 224 1 Me dejé caer en el sofá y el canario se posó en mi hombro, piando. Me lo quité de encima. -Déjame en paz..., ¡ahora no! Miré las pálidas cortinas de color albaricoque, los posavasos de las mesitas y las acuarelas de las paredes y deseé poder quedarme en esa casa todo el tiempo, sólo yo y el canario. Todo en mi casa era sedante a la vista, no como el mobiliario del Instituto o el de otros apartamentos donde estuve, por no hablar de las calles polvorientas, los edificios descoloridos y la arena esparcida entre las ruinas. Cuando los hombres entraron, yo estaba sentada en el baño bebiendo la limonada que había traído de casa en un termo. Me helaba, y empecé a temblar. -Abrígate, mujer -dijo uno de ellos. Vi una toalla en el aire que volaba hacia mí. No sé quién la tiró, pero me la puse sobre los hombros mirando al suelo y viendo únicamente las sandalias y chancletas de los hombres, y sus largas uñas manchadas de tabaco. No respiré de nuevo hasta que oí el sonido apresurado de sus pasos al desaparecer como reacción a las protestas de la directora desde la habitación contigua. Su voz se alzó colérica; les acusaba de entrar en un área reservada a las mujeres. -¿No saben leer? Esto es un instituto de enseñanza y el cartel que hay en la pared dice «Prohibida la entrada a los hombres». Yo esperaba que el ir al Instituto fuera una manera de huir, y quizá una forma de evitar la angustia y el miedo que pasé el año pasado trabajando en los grandes almacenes. Allí me escondía todos los días en una gran caja de cartón, temiendo que el vigilante sospechara algo. Me imaginaba cómo debía de verse la caja desde el exterior, rotulada con las palabras «frágil-cuidado» y con el dibujo de una copa de vino. Si en algún momento reconocía el rastro de mi perfume, por tenue que fuera... Solía aterrorizarme pensando que quizá el guarda poseía extraordinarias dotes olfativas. El pánico a ser descubierta era tan intenso, que el resto de sensaciones -el sudor empapándome como una repentina ducha de agua fría, el característico hedor que producía la caja- dejaban de importarme. Tras largo rato de sigilo entre los cartones y cuando el ruido de pasos había desaparecido, me calmaba y me sorprendía riendo sin motivo. Me escondía porque era mujer y estaba trabajando, y sin embargo ahí afuera había grandes ciudades y estaciones espaciales; en una sala blanca y limpia, el producto de la eyaculación solitaria de un hombre podía descargarse en una mujer estéril, incluso podías ver el feto en el útero de la mujer por televisión; había conciertos, público aplaudiendo, risa, llanto, multitudes en continuo movimiento, huracanes, colegios, bares nocturnos, ermitaños en sus cuevas...
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