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La presente edición fue digitalizada y corregida en las bellas tierras del muy distante y espacioso reino de Kollasuyu; durante los primeros, calurosos y febriles días del mes de febrero del año 565 del quinto sol, del nuevo imperio de Tawantinsuyu.
José Saramago La caverna Traducción Pilar del Río ALFAGUARA A Pilar Título original: A caverna ©José Saramago y Editorial Caminho, Lisboa, 2000 © De la traducción: Pilar del Río ©Grupo Santularia de Ediciones, S. A. (Primera edición, 2001) © De esta edición: Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. (Primera edición, 2000) Beazley 3860, (1437) Buenos Aires www.alfaguara.com.ar • Grupo Santillana de Ediciones S. A. Torrelaguna 60 28043, Madrid, España • Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara, S. A. de C. V. Avda. Universidad 767, Col. del Valle, 03100, México • Ediciones Santillana S. A. Calle 80, 1023, Bogotá, Colombia • Aguilar Chilena de Ediciones Ltda. Dr. Aníbal Ariztía 1444, Providencia, Santiago de Chile, Chile • Ediciones Santillana S. A. Constitución 1889. 11800, Montevideo, Uruguay • Santillana de Ediciones S. A. Avenida Arce 2333, Barrio de Salinas, La Paz, Bolivia • Santillana S. A. Río de Janeiro 1218, Asunción, Paraguay • Santillana S. A. Avda. San Felipe 731 - Jesús María, Lima, Perú ISBN: 950-51I-673-X Hecho el depósito que indica la ley 11.723 ©Diseño: Manuel Estrada Qué extraña escena describes y qué extraños prisioneros, Son iguales a nosotros. PLATÓN, República, Libro VII El hombre que conduce la camioneta se llama Cipriano Algor, es alfarero de profesión y tiene sesenta y cuatro años, aunque a simple vista aparenta menos edad. El hombre que está sentado a su lado es el yerno, se llama Marcial Gacho, y todavía no ha llegado a los treinta. De todos modos, con la cara que tiene, nadie le echaría tantos. Como ya se habrá reparado, tanto uno como otro llevan pegados al nombre propio unos apellidos insólitos cuyo origen, significado y motivo desconocen. Lo más probable es que se sintieran a disgusto si alguna vez llegaran a saber que algor significa frío intenso del cuerpo, preanuncio de fiebre, y que gacho es la parte del cuello del buey en que se asienta el yugo. El más joven viste de uniforme, pero no está armado. El mayor lleva una chaqueta civil y unos pantalones más o menos conjuntados, usa la camisa sobriamente abotonada hasta el cuello, sin corbata. Las manos que manejan el volante son grandes y fuertes, de campesino, y, no obstante, quizá por efecto del cotidiano contacto con las suavidades de la arcilla a que le obliga el oficio, prometen sensibilidad. En la mano derecha de Marcial Gacho no hay nada de particular, pero el dorso de la mano izquierda muestra una cicatriz con aspecto de quemadura, una marca en diagonal que va desde la base del pulgar hasta la base del dedo meñique. La camioneta no merece ese nombre, es sólo una furgoneta de tamaño medio, de un modelo pasado de moda, y está cargada de loza. Cuando los dos hombres salieron de casa, veinte kilómetros atrás, el cielo apenas había comenzado a clarear, ahora la mañana ya ha puesto en el mundo luz bastante para que se pueda observar la cicatriz de Marcial Gacho y adivinar la sensibilidad de las manos de Cipriano Algor. Vienen viajando a velocidad reducida a causa de la fragilidad de la carga y también por la irregularidad del pavimento de la carretera. La entrega de las mercancías no consideradas de primera o segunda necesidad, como es el caso de las lozas bastas, se hace, de acuerdo con los horarios establecidos, a media mañana, y si estos dos hombres madrugaron tanto es porque Marcial Gacho tiene que fichar por lo menos media hora antes de que las puertas del Centro se abran al público. En los días en que no trae al yerno, y tiene piezas para transportar, Cipriano Algor no necesita levantarse tan temprano. Pero siempre es él, de diez en diez días, quien se encarga de ir a buscar a Marcial Gacho al trabajo para que pase con la familia las cuarenta horas de descanso a que tiene derecho, y quien, después, con loza o sin loza en la caja de la furgoneta, puntualmente lo reintegra a sus responsabilidades y obligaciones de guarda interno. La hija de Cipriano Algor, que se llama Marta, de apellidos Isasca, por parte de la madre ya fallecida, y Algor por parte del padre, sólo disfruta de la presencia del marido en la casa y en la cama seis noches y tres días de cada mes. En una de estas noches se quedó embarazada, pero todavía no lo sabe.
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