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Español
#148111
Cordelia
Cordelia

Jun 11, 2009
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Orson Scott Card - Mapas de un Espejo - Libro 4

ORSON SCOTT CARD
Mapas en un Espejo

LIBRO 4
MILAGROS CRUELES
CUENTOS SOBRE LA MUERTE, LA ESPERANZA
Y LO SAGRADO

INTRODUCCIÓN
Creo que la ficción especulativa -en particular la ciencia ficción- constituye el último
baluarte americano de la literatura religiosa.
Este comentario puede resultar extraño, pues la ciencia ficción requiere que los dioses
estén ausentes o explicados. En cuanto un personaje reza y obtiene una respuesta que no se
explica mediante fenómenos naturales, el cuento deja de ser publicable como ciencia ficción.
La danza de la muerte
de Stephen King, por ejemplo, empieza como ciencia ficción -un
virus fugitivo destruye a casi toda la humanidad- y los sueños místicos de algunos
personajes serían aceptables para el género, ya que el inconsciente colectivo de Jung ha
ganado un lugar controvertido como harina legítima para el costal de la ciencia ficción. Pero
cuando al final el dedo de Dios baja del cielo y destruye el misil nuclear de Caminante, bien,
se cruza una frontera y la novela se convierte en fantasía o literatura religiosa.
Sería fantasía si ese dios no formara parte de las creencias de los lectores en la vida real.
Sería literatura religiosa si se diera por sentado que los lectores creen que esas intervenciones
divinas ocurren en la realidad. Pero ninguna narración se sostiene como ciencia ficción si los
dioses son tanto sobrenaturales como reales en el mundo del relato.
¿Por qué digo entonces que la ciencia ficción es el último baluarte de la literatura
religiosa americana?
Hay que comprender que lo que en la actualidad pasa por literatura religiosa en Estados
Unidos es literatura
proselitista.
Las categorías Religioso, New Age y Ocultismo contienen
elementos muy similares: ¿no es maravilloso que nosotros comprendamos la verdad y
vivamos acorde con ella, y no es una pena que esos pobres diablos se
queden al margen? Sus ficciones (cuando escriben ficciones) son autocomplacientes. No
exploran, sino que afirman. Brindan a los lectores un estímulo emocional relacionado con la
pertenencia a una fe determinada.
Creo que la verdadera literatura religiosa opera de otro modo. Explora la naturaleza del
universo y descubre un propósito oculto. Al hallar ese propósito encontramos a Dios, porque
en todas las religiones de todos los tiempos, al margen de la descripción externa de Dios o los
dioses, la deidad cumple la misma función: Él (o ella, o ellos) es el planificador, el diseñador.
Y los seres humanos seguimos ese plan, con o sin nuestro conocimiento o consentimiento
(ello depende de nuestra teología).
Creo que la literatura existencialista pertenece a esta categoría, pues aunque los
personajes, al cabo de una prolongada búsqueda, descubren que no hay Dios y por tanto no
hay propósito, la historia trata sobre la necesidad y búsqueda del propósito, y el clímax es el
descubrimiento de su ausencia. Las historias sobre la inexistencia de Dios hablan de Dios, y
por tanto forman parte de la literatura religiosa.
La necesidad de descubrir un propósito en nuestra vida es una apetencia humana
universal. Incluso las personas más despreciables y malvadas procuran encontrar sentido a su
autogratificación; y las personas más loables eluden las alabanzas atribuyendo sus obras a los
propósitos de un ser superior.
Sin embargo, en las historias «verdaderas» que hoy se cuentan para explicar la conducta
humana hay una tendencia a soslayar el análisis del propósito, del motivo. Solemos aceptar
que una causación mecánica -sin propósito- explica las cosas que hace la gente. Juan
Siniestro es un criminal porque sus padres le pegaban o por un desequilibrio químico cerebral
o por un trastorno genético que eliminó la función que denominamos conciencia moral.
Juanita Diestra, en cambio, actúa con altruismo porque compensa una sensación de desajuste

o padece un trastorno cerebral que estimula en exceso su responsabilidad.
Estas explicaciones de la conducta humana pueden ser acertadas; la cuestión me
interesa, pero para las sociedades humanas en realidad es irrelevante que sean acertadas o no.
Una comunidad que usa la causación mecánica para explicar la conducta humana
no puede
sobrevivir,
porque sus miembros no son responsables de su conducta. Sin importar cómo
expliquemos el origen de una conducta humana, una comunidad debe continuar juzgando al
infractor sobre la base de sus intenciones, en la medida en que esas intenciones se puedan
comprender (o conjeturar, o suponer). Por eso los padres inevitablemente formulan a los hijos

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