welcome!  login / sign up
    search
Read and share stories on your mobile phone™



14793
How do I read this
on my phone?

La Puerta de Bronce y Otros Cuentos
Wattcode: 14793

1



LA PUERTA DE BRONCE ***

Produced by Stan Goodman, Miranda van de Heijning, Paz Barrios and PG Distributed Proofreaders

MANUEL ROMERO DE TERREROS Y VINENT MARQUES DE SAN FRANCISCO

LA PUERTA DE BRONCE Y OTROS CUENTOS

1922

Sentado en un amplio sillón de velludo carmesí, al lado de ancha ventana, el Cardenal de Portinaris estaba dictando su testamento. A la primera cláusula que contenía su profesión de Fe, había logrado dar un giro distinto del acostumbrado, de manera que a la par de un compendio de la Religión Católica resultaba un verdadero opúsculo literario. El Prelado, muy satisfecho, prosiguió a enumerar cada uno de sus bienes, y al hacerlo, parecía que iban arrancándose las más hermosas páginas de la historia del arte. El notario escribía a toda prisa y, a pesar de estar muy acostumbrado a ese género de trabajos, se fatigaba en grado sumo, y gruesas gotas de sudor aparecían sobre su calva frente.

Terminadas las cláusulas preliminares, el Cardenal hizo una pausa y dirigió la mirada vagamente a través de la ventana de su estudio. La Plaza del Duque era un hervidero de gente, y el Prelado seguía con la vista el ir y venir de carruajes y peatones. Transcurrió algún espacio de tiempo; el notario se pasó el pañuelo por la frente varias veces, y por fin observó tímidamente:

--¿Sí, Eminencia?

Pero el Cardenal permanecía callado.

--¿Si, Eminencia? insinuó de nuevo el letrado.

La verdad era que el Cardenal Diácono de la Basílica de Santa María de las Rosas estaba perplejo; no encontraba a quién nombrar heredero. Miembro de una de las más esclarecidas familias de Toscana, con él terminaba su ilustre progenie: su único sobrino, el Conde Fabricio de Portinaris, se había marchado a América hacía quince años y no se había vuelto a tener noticia de él. Ministros diplomáticos y agentes consulares, por más averiguaciones que hicieran, no habían podido proporcionar ningún informe, y todo el mundo consideraba que el Conde había muerto. Desde sus primeros años, don Fabricio había dado pruebas de un carácter indomable, su bolsillo fué siempre un pozo sin fondo, y no era secreto para nadie que sus locuras habían conducido a su madre a un sepulcro prematuro.

Los ojos del Cardenal se empañaron de lágrimas y durante largo tiempo estuvo pensando a quién nombrar heredero. Sabía que las llamadas obras de beneficencia poco podrían aprovecharse de una fortuna que consistía mas bien en objetos de arte que en bienes materiales, y dolíale el alma al pensar que éstos fueran a parar a manos del anónimo e insípido personaje que se llama el Estado.

Decidió por fin legar todo su caudal a algún amigo, y resolvió hacerlo a favor del Príncipe de Sant' Andrea, prócer bondadoso y magnánimo Mecenas.

--Instituyo por mi único y universal heredero, empezaba a dictar el Cardenal, cuando sonó leve toque en una puerta.

--¡Adelante! exclamó el Prelado, y apareció en el umbral un sirviente vestido de negro. Adelantóse éste y presentó en una salvilla de plata una tarjeta, que el Prí...

Show full text: 107,188 characters
Add this button to your web page!
AddThis Social Bookmark Button

Comments & Reviews


Be the first to comment on this!

Login to add your comment.


Recommended


Roberto Fontanarrosa - No se si he sido claro y otros cuentos

Stephen King - Yo soy la puerta

El Cuervo y otros poemas

DEL AMOR Y OTROS DEMONIOS : GABRIEL GARCIA MARQUEZ

Saki - Cuentos Indiscretos

La Navidad en las Montañas

Viage al Rio de La Plata y Paraguay