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nellys

on May 29, 2009
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La Mujer de mi Hermano - Jaime Bayly

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LA MUJER DE MI HERMANO - JAIME BAYLY


EDITORIAL PLANETA, S.A.
1ª. Reimpresión (Colombia), junio 2002
Portada por Oskar Schlemmer
Impreso en Colombia


Creo que mi mujer se está acostando con mi hermano, piensa Ignacio.
Ignacio es banquero y acaba de cumplir treinta y cinco años. Se casó hace nueve con Zoe, no tienen hijos y viven en una casa muy bonita en los suburbios. Dispone de suficiente dinero para pagar sus caprichos y los de ella. Trabaja duro: sale de casa muy temprano, cuando Zoe duerme, y suele regresar de noche. En realidad, le gusta estar en el banco y multiplicar su dinero. Es bueno para las cosas del dinero, siem-pre lo fue: supone que heredó ese talento de su padre, que fundó un banco, trabajó en él toda su vida y murió de cáncer, dejándoles ese próspero negocio a él y su hermano menor, Gonzalo, que tiene treinta años, la edad de Zoe. A Gonzalo no le interesa trabajar en el banco, porque es pintor, como su madre, que también pinta pero, a diferencia de él, nunca vendió un cuadro. Ella no visita el banco más de dos veces al año, pues confía en su hijo mayor y sabe que él hace su mejor es-fuerzo para estar a la altura de la memoria de su padre.

Zoe es el gran amor de Ignacio. La conoció en la universidad y se ena-moró de ella como no se había enamorado antes. Nunca le ha sido infiel con otra mujer. Le gustaría pasar más tiempo con ella, pero sus obliga-ciones en el banco no se lo permiten. Trabaja sin descanso para que ella tenga todo lo que quiera. Zoe no trabaja y así está bien para 7
él. Estudió Historia del arte y literatura. Dice que algún día escribirá una novela. Ignacio la anima a que la comience, pero ella dice que aún no está preparada y que esas cosas no se pueden forzar. Por ahora, se entretiene tomando clases de cocina y haciendo ejercicios en su gimna-sio particular.
Ignacio tiene miedo de que Zoe se aburra con él. A veces siente que ella ya no lo quiere como antes. Los fines de semana salen al cine y a cenar con amigos, pero últimamente la nota malhumorada. Se irrita por pequeñeces con él, no le tiene paciencia y las pequeñas manías de su esposo, que antes le divertían, ahora parecen molestarle. Ignacio piensa que a ella ya no le provoca tanto estar con él. Hace lo que puede para evitarme y estar conmigo el menor tiempo posible, se dice. Cuando le pregunta si algo está mal, ella le dice que no, pero él sabe que algo no está bien, lo sabe porque lo lee en sus ojos y porque antes las cosas no eran así. Hubo un tiempo en que Zoe me amaba, piensa. Ahora sólo me tolera.

Ignacio no tiene ninguna prueba de que ella esté acostándose con su hermano. Aunque es sólo una sospecha, ese presentimiento no cede, no lo abandona. Puede imaginarlos amándose a sus espaldas, burlán-dose de él, traicionándolo con absoluto cinismo. Ignacio piensa que su hermano es un canalla: no tiene principios, no respeta nada y hace lo que le da la gana. También sabe que es encantador: desde muy, joven tuvo éxito con las mujeres, sabe seducirlas, su vida es pintar y acos-tarse con mujeres guapas. Gonzalo tiene talento para las dos cosas y no le interesa nada más, porque sabe que el banco le deja suficiente plata como para darse el lujo de despreocuparse de ella. Ignacio cree que Gonzalo es un irresponsable; sin embargo, lo envidia, pues tiene la sospecha de que se divierte más que él.

Hasta donde Ignacio sabe, su mujer nunca lo ha engañado con un hombre. Antes de conocerlo, Zoe tuvo un par de novios. Con uno de ellos, ya casado y con hijos, se escribe correos electrónicos de vez en cuando. Zoe dice que no puede dejar de quererlo como amigo. Ignacio la entiende y no se opone a que se escri-ban. A veces, sin embargo, le dan celos y lee sus correos, aunque ahora no puede porque ella, desconfiando de él, ha cambiado su con-traseña.
Yo no soy un idiota, piensa, y sé que Gonzalo y Zoe se gustan. Cree sa-berlo desde que empezó a salir con ella y Gonzalo la conoció. Ignacio piensa que su hermano no la mira con el respeto que merece por ser su cuñada: se permite mirarla con prescindencia de mí, como si yo no existiera. No le sorprende ese descaro, sin embargo. Está acostum-brado a él. Cuando a su hermano le gusta una mujer, pasa por encima de todo y se la lleva a la cama, o al menos lo intenta. Recuerda per-fectamente el día en que le presentó a Zoe: estaban en su apartamento de soltero, Gonzalo venía llegando de viaje, Zoe e Ignacio habían pa-sado la noche juntos, Gonzalo le dio un beso en la mejilla y, cuando ella fue a la cocina, le miró el trasero sin ningún disimulo ni reparo. A Igna-cio le pareció increíble que su hermano le mirase el trasero a su mujer sin importarle siquiera que él estuviese a su lado. Es un canalla, piensa, y se siente superior a mí porque yo sólo hago dinero y él cree que pinta obras de arte.
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