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ís de las Montañas Azules

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AL PAÍS DE LAS MONTAÑAS AZULES 

Helena Petrovna Blavatsky

Hiperbórea

 

© 2011 Bubok Publishing S.L. © 2011 Editorial Hiperbórea 1ª Edición 2011

 

ÍNDICE

ÍNDICE ..................................................................................3 ALGUNAS PALABRAS ........................................................4 CAPÍTULO I ........................................................................14 CAPÍTULO II ......................................................................63 CAPITULO III...................................................................108 CAPÍTULO IV ...................................................................149 CAPÍTULO V.....................................................................183 CAPÍTULO VI ...................................................................212 NOTAS EDICIÓN ............................................................227

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ALGUNAS PALABRAS1 

Recientemente, un importante periódico de Londres escribía con tono sarcástico que los sabios rusos, y con mayor razón las masas rusas, sólo poseían nociones harto confusas sobre la India en general y sus nacionales en particular. Cada ruso, llegado el caso, podría responder a esta llueva «insinuación» británica, interrogando al primer anglo-hindú que encuentre, en la siguiente forma: –Perdone esta indiscreción: ¿quién le enseñó y qué sabe usted con precisión de la mayor parte de las razas de la India que le pertenece? Como ejemplo, ¿qué han resuelto sus mejores etnólogos, sus más ilustres antropólogos, sus filólogos y estadísticos, luego de un debate de cincuenta años acerca de la tribu misteriosa de los toddes, en el Nilguiri, que parece haber caído de los cielos? ¿Qué sabe su «Real Sociedad» (por más que sus miembros se ocupen de esta cuestión, con riesgo de perder el alma, ya hace casi medio siglo), para resolver el problema de las tribus misteriosas de las «Montañas Azules», de los enanos que siembran el terror, que difunden el espanto y a quienes llaman los «mulu-kurumbes»; de los jaunadis, de los kchottes, de los erullares, de los baddaques, sea cinco tribus del Nilguiri, más otras diez menos misteriosas, pero 4

 

asimismo poco conocidas, pequeñas y grandes, que moran en otras montañas? En respuesta a todas estas preguntas si, contra todo, lo que el mundo esperaba, el inglés se hallase presa de un acceso de franqueza (fenómeno bastante raro entre los ingleses), los sabios y los viajeros rusos calumniados podrían oír la siguiente confesión, harto inesperada: –¡Ay! Ignoramos todo de esas tribus. Sólo conocemos su existencia porque las encontramos, luchamos con ellas y las aplastamos, y a menudo ahorcamos a sus miembros. Mas, por otra parte, no tenemos la menor idea sobre el origen, ni tampoco sobre la lengua de esos salvajes, s aun menos de los nilguirianos. Nuestros sabios anglo-hindúes y los de la metrópoli casi pierden el juicio a causa de los toddes. En verdad, esa tribu representa un enigma para los etnólogos de nuestro siglo y, al parecer, un enigma indescifrable. Además, el pasado de esos seres tan escasos por su número, está cubierto por el velo impenetrable (le un misterio milenario, no sólo para nosotros los europeos, sino también para los mismos hindúes. Todo, en ellos, es extraordinario, original, incomprensible, inexplicable. Así como los vimos el primer día en que caímos sobre ellos, inopinada, imprevisiblemente, así permanecen, así son: enigma de esfinge… 5

 

Así hubiera hablado al ruso cualquier anglo-hindú honesto. Y de este modo me respondió un general inglés –que volveremos a encontrar luego– cuando lo interrogué sobre los toddes y los kurumbes. –¡Los toddes! ¡Los kurumbes! –exclamó, presa de súbito furor–. Hubo un tiempo en que los toddes casi me enloquecieron y los mulu-kurumbes más de una vez me dieron fiebre y delirio. ¿Cómo y por qué? Lo sabrá usted luego. Escuche. Si alguno de nuestros imbéciles (dunces) funcionarios del gobierno le declara que conoce perfectamente o que ha estudiado las costumbres de los toddes, dígale por mi parte que se jacta y miente. Nadie Conoce esas tribus. Su origen, su religión, sus costumbres y tradiciones, todo ello sigue siendo terra incognita, tanto para el hombre de ciencia como para el profano. En lo que respecta a su asombroso «poder psíquico» como lo llama Carpentier2, su así denominada hechicería, sus diabólicos sortilegios, ¿quién puede explicarnos esa fuerza? Se trata de su influencia sobre los hombres y los animales que nadie comprende ni interpreta en absoluto: esta acción es benéfica en los toddes, maléfica en los kurumbes. ¿Quién puede adivinar, definir ese poder que emplean según sus deseos? Entre nosotros, se burlan de ese poder desde luego y se mofan de las pretensiones de esas tribus. No creemos en la 6

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