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#140564
ernestof
ernestof

May 27, 2009
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    Georg Simmel_Metrópolis y vida mental

    La Metrópolis y la vida mental

    Por Georg Simmel *







    Presentación del artículo

    Georg Simmel fue uno de los grandes pensadores urbanos. No sólo por su enorme capacidad para reconocer y explicar aquellas cosas que eran propias de la nueva vida urbana, sino también porque fue capaz de presentarlas de manera sencilla y penetrante. Su escenario fue el Berlín de finales del siglo XIX, una ciudad que se asomaba cuantitativa y cualitativamente diferente a su predecesora; lo primero, porque su extensión y población inauguraba una escala magna que más tarde se volvería la norma; lo segundo, porque en su esencia el habitante de las ciudades presentaba características nunca antes vistas.

    La metrópolis y la vida mental (1903), su trabajo más importante y conocido, recoge estas preocupaciones, ahondando especialmente en el tipo de interacciones que se despliegan entre el individuo y la sociedad. Su hipótesis rectora propone que, tensionado por un ritmo vertiginoso e imposible de esquivar, el urbanita comienza a configurar un tipo de personalidad moderno, capitalista, indiferente y reservado; un tipo de personalidad caracterizado por la intensificación de los estímulos nerviosos. Y la mirada que propone ante este nuevo escenario no es, como venía siendo costumbre, desde la economía, la política o la biología, sino que desde la cultura y la naciente psicología.

    Todo esto vuelve sus reflexiones contextualmente relevantes; pero si rescatamos La Metrópolis y la vida mental para nuestra colección reserva, poniéndola a disposición de nuestros lectores por primera vez en formato digital, no es sólo por su valor histórico, sino también -y especialmente- por la vigencia de sus ideas. Es cierto que el autor nos habla desde un escenario particular, y que las causas y efectos que elabora pertenecen a un marco de tiempo ya perdido y a ratos olvidado, pero también es cierto que al trazar ese recorrido Simmel da cuenta de un fenómeno que está en el centro de la condición moderna, cual es el encuentro violento entre el mundo interno del individuo y el mundo externo de la sociedad y las ciudades. Y eso es suficiente para volver a él una y otra vez. RG

    Esta versión es un híbrido de las traducciones de Juan Zorrilla, publicada en Antología de Sociología Urbana, compilación de Mario Bassols, Roberto Donoso, Alejandra Massolo y Alejandro Méndez (México, UNAM, 1988), y de la versión publicada en Revista Discusión (1977), núm. 2. Barcelona: Barral.


    Los problemas más profundos de la vida moderna se derivan de la demanda que antepone el individuo, con el fin de preservar la autonomía e individualidad de su existencia, frente a las avasalladoras fuerzas sociales que comprenden tanto la herencia histórica, la cultura externa, como la técnica de la vida. La lucha contra la naturaleza que el individuo ha desarrollado para su subsistencia corporal logra, bajo esta forma moderna, una más de sus transformaciones. El siglo XVII hizo un llamado para que el hombre se liberara a sí mismo de todas las ataduras que parten del Estado, de la religión, de la moral y de la economía. La naturaleza del hombre, común a todos y originalmente buena, debe por lo tanto desarrollarse sin obstáculos. El siglo XIX además de exigir una mayor libertad, demandó la especialización del hombre y de su trabajo de acuerdo con criterios funcionales; este proceso de especialización hace que cada individuo se vuelva incomparable a otro y que cada uno de ellos se vuelva indispensable en el mayor grado posible. Sin embargo, esta especialización hace que cada hombre dependa más directamente de las actividades complementarias de todos los demás.

    Nietzsche considera que el desarrollo completo del hombre está condicionado por la más brutal de las luchas; el socialismo, por su parte, cree en la supresión de toda competencia por esta razón precisamente. Sea como fuere, en todas las posiciones que se han mencionado hasta ahora encontramos una misma preocupación básica: el que la persona se resista a ser suprimida y destruida en su individualidad por cualquier razón social, política o tecnológica. Cualquier investigación acerca del significado interno de la vida moderna y sus productos o, dicho sea en otras palabras, acerca del alma de la cultura, debe buscar resolver la ecuación que las estructuras como las metrópolis proponen entre los contenidos individuales y supraindividuales de la vida. Tal investigación debe responder a la pregunta de cómo la personalidad se acomoda y se ajusta a las exigencias de la vida social. Es precisamente a esta pregunta a la que me abocaré en este trabajo.

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