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JEAN M. AUEL
LAS LLANURAS DEL TRÁNSITO Para LENORE, la última en llegar al hogar, cuya homónima aparece en estas páginas, Y para MICHAEL, que comparte con ella la expectativa, Y para DUSTIN JOYCE y WENDY, con amor. Agradecimientos. Cada libro de esta serie de «Los hijos de la Tierra» ha suscitado sus propias y específicas dificultades pero, desde el principio, cuando se concibió por primera vez el esquema de lo que sería una novela en seis libros, el cuarto, el «Libro del Viaje», ha sido el más difícil y el que ha exigido un trabajo de investigación y redacción más exigente. Las Llanuras del Tránsito requirió también de la autora ciertos viajes, entre ellos una nueva visita a Checoslovaquia y excursiones a Hungría, Austria y Alemania, para seguir el curso de una parte del Danubio (el Río de la Gran Madre). Pero si deseábamos situar la obra en el contexto de la Edad de Hielo, era necesario consagrar todavía más tiempo a la investigación bibliográfica. De nuevo estoy en deuda con el doctor Jan Jelinek, director emérito del Instituto Anthropos de Brno, Checoslovaquia, por su infatigable bondad, su ayuda y sus sagaces observaciones e interpretaciones de los interesantes artefactos de la región correspon-dientes al Paleolítico Superior. Estoy también agradecida al doctor Bohuslav Klima, del Archeologicky Ustav CSAV, por el maravilloso vino que pude saborear en su propia bodega y que proviene de los viñedos que él posee cerca de Dolni Vestonice, pero, sobre todo, porque me facilitó tan generosamente el saber y la información, reunidos en el curso de toda su vida, acerca de esa zona primitiva tan importante. Quisiera también dar las gracias al doctor Jiri Svoboda, del Archeologicky Ustav CSAV, por la información que me proporcionó acerca de sus sorprendentes descubrimientos que enriquecen nuestro conocimiento acerca de nuestros antepasados humanos del Período Moderno Temprano, que vivieron hace más de doscientos cincuenta siglos, cuando el hielo cubría la cuarta parte del globo. Expreso mi agradecimiento y mi inconmensurable gratitud a la doctora Olga Soffer, principal experta norteamericana en el tema de los habitantes del Paleolítico Superior de Europa central y oriental, ya que me mantuvo informada acerca de los descubrimientos más recientes y me suministró los últimos trabajos, incluso los resultados de un estudio nuevo referente al más primitivo arte de la cerámica en la historia humana. Quiero dar las gracias al doctor Milford Wolpoff, de la Universidad de Michigan, por sus aportaciones durante nuestra discusión acerca de la distribución demográfica en los continentes septentrionales durante la última Edad de Hielo, cuando nuestros modernos antepasados humanos se agruparon, concentrándose en ciertas regiones favorables, y dejaron despoblada, aunque con abundancia de vida animal, la mayor parte de la Tierra. Hallar las piezas del rompecabezas necesarias para crear este mundo novelístico del pasado prehistórico era un desafío; armarlas era otro. Después de estudiar el material disponible acerca de los glaciares y el ambiente que los rodeaba, aún no alcanzaba a dibujar un cuadro completamente claro de todas las regiones septentrionales, un cuadro que me permitiera mover a mis personajes en ese mundo. Había interrogantes, teorías que se contradecían -algunas no parecían muy bien pensadas- y piezas que no encajaban. Finalmente, con profundo alivio y entusiasmo cada vez más vivo, descubrí el único estudio claramente expuesto y bien concebido que me permitió percibir palmariamente los perfiles del mundo de la Edad de Hielo. Respondía a los interrogantes que yo misma me había formulado y me permitió armonizar el resto de las piezas provenientes de otras fuentes, así como mis propias conjeturas, a fin de construir un panorama más lógico. Estaré eternamente agradecida a R. Dale Guthrie por su artículo «Mammals of the Mammoth Steppe as Paleoenvironmental Indicators», páginas 307-326, publicado en Paleoecology of Beringia (compilación de David M. Hopkins, John V. Matthews Jr., Charles E. Schweger y Steven B. Young, Academic Press, 1982). Más que cualquier otra obra monográfica, ese trabajo permitió que este libro se convirtiese en un todo coherente, global y comprensible. Como los mamuts lanudos simbolizan la Edad de Hielo, consagramos un esfuerzo considerable a la tarea de infundir vida a estos paquidermos prehistóricos. Mi investigación abarcó el examen de todo lo que pude hallar acerca de los mamuts y, puesto
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