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rsaldano

on May 23, 2009
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06 Robots e Imperio - Asimov, Isaac

1


LOS ROBOTS Y
EL IMPERIO








Isaac Asimov


Isaac Asimov


Título original: Robots and Empire
Traducción: Rosa N. de Naveira
© 1985 by Nightfall Inc.
© 1987 Emecé Editores. S.A.
Alsina 2062 - Buenos Aires
I.S.B.N.: 950-04-0606-3
Edición digital: Marroba2002
Revisión: Preem Palver
R6 04/03


A Robin y Michael
y a los años de felicidad que seguirán disfrutando
mientras recorran juntos el camino de la vida.


Primera parte - AURORA
EL DESCENDIENTE

1

Gladia tanteó el césped para asegurarse de que no estaba demasiado húmedo y a
continuación se sentó. Ajustó la presión en el control de la reposera de forma que le
permitió quedar medio tumbada, y otro control activó el campo diamagnético que le
proporcionó la sensación de absoluto relajamiento. ¿Y por qué no? En realidad estaba
flotando a un centímetro por encima de la lona.
Era una noche cálida y agradable, fragante y estrellada, el tipo de noche que era lo
mejor de Aurora...
Con una sensación de tristeza contempló la multitud de chispitas de luz que formaban
dibujos en el cielo, chispitas hoy más brillantes porque había ordenado rebajar la
iluminación de su vivienda.
Cómo podía ser, se preguntó, que en las veintitrés décadas de su vida nunca hubiera
aprendido los nombres de las estrellas ni hubiera sabido distinguir una de otra. Una de
ellas era la estrella alrededor de la cual orbitaba su planeta natal, Solaria, la estrella que
durante las tres primeras décadas de su vida había considerado simplemente como "el
sol".
En otro tiempo la llamaron Gladia Solaria. Eso fue cuando llegó a Aurora, veinte
décadas atrás..., doscientos años galácticos... ¡Qué forma tan poco amistosa de poner en
evidencia su nacimiento extranjero! El pasado mes había sido el bicentenario de su
llegada, algo que no había celebrado porque no deseaba recordar precisamente aquellos
días. Antes, en Solaria, había sido Gladia... Delmarre.
Se revolvió inquieta. Casi había olvidado aquel apellido. ¿Era porque ya había pasado
tanto tiempo o, simplemente, porque se esforzaba por olvidar?
En todos aquellos años no había pensado en Solaria, ni había sentido nostalgia.
¿Y ahora?
¿Sería porque de pronto se daba cuenta de que había sobrevivido?
Todo había pasado -un recuerdo histórico-, pero ¿seguía viviéndolo?
¿Lo añoraba, ahora, por esa razón?
Frunció el entrecejo. No, no lo añoraba, decidió, resuelta. Ni lo añoraba, ni deseaba
volver a él. Era sencillamente una extraña punzada al recordar algo que había sido parte
de sí misma..., por destructivo que parezca..., que ya había desaparecido.
¡Solaria! El último de los mundos espaciales en ser colonizado y transformado en un
hogar para la humanidad. Y, consecuentemente, quizá por alguna misteriosa ley de
simetría, ¿sería también el primero en morir?
¿El primero? ¿Querría decir esto que habría un segundo y un tercero y otros más?
Gladia sintió aumentar su tristeza. Había quienes creían que así sucedería. Si era
cierto, Aurora, su país de adopción desde hacía tantos años, que fue el primer mundo
colonizado, sería, por esa misma ley de simetría, el último de los cincuenta en morir.
Podía ocurrir incluso que, en el peor de los casos, sobreviviera a su propia larga vida, y de
ser así había que aceptarlo.
Sus ojos volvieron a buscar las estrellas. Era inútil. No había forma de poder discernir
cuál de aquellos diminutos puntos de luz podía ser el sol de Solaria. Imaginó que sería
uno de los más brillantes, pero había centenares.
Levantó el brazo haciendo lo que solamente ella podía identificar como su "gesto
Daneel". El hecho de que fuera de noche no importaba.
El robot Daneel Olivaw estuvo al instante a su lado. Cualquiera que le hubiera conocido
veinte décadas atrás cuando fue diseñado por Han Fastolfe, no habría observado ningún


cambio notable en él. Su rostro de marcados pómulos, con su cabello color bronce
peinado hacia atrás, sus ojos azules, su cuerpo bien proporcionado y perfectamente
humanoide, parecía tan joven y tan plácidamente imperturbable como siempre.
-¿En qué puedo ayudarla, señora? -le preguntó con voz tranquila.
-¿Cuál de esas estrellas es el sol de Solaria, Daneel?
Daneel no levantó la mirada. Contestó:
-Ninguna de ellas, señora. En esta época del año el sol de Solaria no sale hasta las
03:20.
-¡Oh! -Gladia se sintió frustrada. En cierto modo había supuesto que cualquier
estrella por la que se interesara sería visible en el momento en que se le ocurriera mirar.
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