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No sin mi hija
Betty Mahmoody y William Hoffer Traducción de R. M. B. CÍRCULO DE LECTORES Este libro está dedicado a la memoria de mi padre, Harold Hover AGRADECIMIENTO Marilyn Hoffer realizó una inconmensurable contribución a este proyecto, combinando sus excelentes cualidades de escritora con su comprensión como mujer, esposa, madre y amiga. Sin su lucidez, hubiera sido difícil -casi imposible- escribir esta obra. Fue un miembro vital del equipo desde el comienzo hasta el fin. La admiro y la quiero profundamente. CAPÍTULO PRIMERO Mi hija dormitaba en su asiento junto a la ventanilla del reactor de la British Airways, con sus bucles pardo-rojizos enmarcándole el rostro y cayendo descuidadamente hasta más abajo de sus hombros. Nunca se los habían cortado. Era el 3 de agosto de 1984. Mi pequeña estaba exhausta a causa de nuestro prolongado viaje. Habíamos salido de Detroit el miércoles por la mañana, y ahora, cuando nos acercábamos al final de esta última etapa del viaje, el sol se levantaba ya en viernes. Mi marido, Moody, levantó la mirada de las páginas del libro que descansaba sobre su vientre. Empujó sus gafas hacia arriba, sobre su frente calva. «Será mejor que te prepares», dijo. Me desabroché el cinturón, agarré el bolso y me dirigí por el estrecho pasillo hacia el lavabo de la parte de atrás del avión. Ya los ayudantes de cabina estaban recogiendo la basura y preparándose para las primeras fases del aterrizaje. Esto es un error, me dije. Ojalá pudiera escapar de este avión ahora mismo. Me encerré en el lavabo y eché una mirada al espejo, para ver una mujer al borde del pánico. Acababa de cumplir los treinta y nueve, y a esta edad una mujer debería saber dominarse. ¿Por qué, me pregunté, había perdido el control? Me arreglé el maquillaje, tratando de tener el mejor aspecto, e intentando al mismo tiempo tener ocupada la mente. No quería estar aquí, pero estaba, así que ahora tenía que sacar el máximo partido de la situación. Tal vez estas dos semanas pasaran rápidamente. Cuando regresáramos a casa, en Detroit, Mahtob iniciaría sus clases de párvulos en una escuela Montessori de las afueras. Moody se sumergiría en su trabajo. Empezaríamos a construir el hogar de nuestros sueños. Pasa como puedas estas dos semanas, me dije. Busqué en el bolso el par de gruesos panties negros que había comprado por indicación de Moody. Me los puse y alisé la falda de mi conservador vestido verde oscuro, que los cubría. De nuevo me miré al espejo, rechazando la idea de pasar el cepillo por mi castaño cabello. ¿Por qué preocuparme?, me dije. Me puse el grueso pañuelo verde que Moody me había dicho que debía llevar siempre que saliera a la calle. Anudado bajo la barbilla, me hacía parecer una vieja campesina. Estudié mis gafas. Pensé que estaría más atractiva sin ellas. La cuestión era hasta qué punto quería impresionar a la familia de Moody, o hasta qué punto quería ser capaz de ver aquella atormentada tierra. Me dejé las gafas puestas, dándome cuenta de que el pañuelo ya había hecho un daño irreparable. Finalmente, volví a mi asiento. -He estado pensando -dijo Moody-. Tenemos que esconder nuestros pasaportes americanos. Si los encuentran, nos los quitarán. -¿Qué deberíamos hacer? -pregunté. Moody vaciló. -Registrarán tu bolso, porque eres americana -me dijo-. Deja que los lleve yo. Es menos probable que me miren a mí. Esto era bastante cierto, porque mi marido era de ilustre linaje en este país, un hecho implícito incluso en su nombre. Los nombres persas suelen ser ricos en significado, y cualquier iraní podría deducir mucho del nombre completo de Moody, Sayyed Bozorg Mahmoody. «Sayyed» es un título religioso que denota descendencia directa del profeta Mahoma por ambos lados de la familia, y Moody poseía un complejo árbol familiar, escrito en parsi, para demostrarlo. Sus padres le concedieron el título «Bozorg», en la confianza de que llegara a merecer el término, que se aplica al que es grande, noble y honorable. El apellido familiar era originalmente Hakim, pero Moody había nacido en la época en que el sha promulgó un edicto prohibiendo los nombres islámicos como éste, de manera que el padre de Moody cambió el apellido familiar por el de Mahmoody, que es más persa que islámico. Es un derivado de Mahmood, que significa «alabado». A la categoría de su nombre había que añadir el prestigio de su cultura de erudito. Aunque los compatriotas de Moody odiaban oficialmente a los americanos, sentían veneración por el sistema pedagógico americano. Como médico educado y entrenado en América, Moody seguramente contaría entre la élite privilegiada de su tierra natal.
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