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Español
#133655
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May 08, 2009
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Gallego Garcia Laura - Cronicas De La Torre 3 - La Llamada De Los Muertos.doc

LA LLAMADA DE LOS MUERTOS
(Crónicas de la Torre, vol.3)
Laura Gallego García, 2006





Primera edición: marzo 2003
Undécima edición: febrero 2007

Dirección editorial: Elsa Aguiar
Imagen de cubierta: José Luis Navarro
Diseño de la colección: Alfonso Ruano y Pablo Núñez

© Laura Gallego García, 2003

© Ediciones SM, 2003
Impresores, 15
Urbanización Prado del Espino
28660 Boadilla del Monte (Madrid)
 HYPERLINK "http://www.grupo-sm.com" www.grupo-sm.com

CENTRO INTEGRAL DE ATENCIÓN AL CLIENTE
TeL 902 12 13 23 Fax: 902 24 12 22
e-mail: clientes@grupo-sm.com

ISBN: 978-84-348-9439-6
Depósito legal: M-1.481-2007
Impreso en España I Printed in Spain
Gohegraf Industrias Gráficas, SL - 28977 Casarrubuelos (Madrid)





Queda prohibida, salvo excepción prevista en la Ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación de esta obra sin contar con la autorización de los titulares de su propiedad intelectual. La infracción de los derechos de difusión de la obra puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (arts. 270 y ss. del Código Penal). El Centro Español de Derechos Reprográficos vela por el respeto de los citados derechos.


-Ahora respóndeme con toda franqueza -dijo el Mago- ¿Dejarías todo lo que aprendiste hasta entonces, todas las posibilidades y todos los misterios que el mundo de la magia te podría proporcionar, para quedarte con el hombre de tu vida? ¿Abandonarías todo por esa persona? (...)
-Yo abandonaría -dijo Brida finalmente. (...)
-Has dicho la verdad. Te enseñaré.

PAULO COELHO, Brida


I

SAEVIN


LA TORMENTA DE NIEVE azotaba con fuerza el Valle de los Lobos. Dos figuras ascendían penosamente por el camino, inclinadas hacia delante para tratar de vencer la fuerza del viento.
Cualquiera en el pueblo habría sabido que era una mala noche para andar al descubierto, pero al viajero de mayor edad eso no le importaba. Su urgencia estaba motivada por el miedo, y su terror al muchacho que caminaba junto a él era mayor que el que podía provocar en él la ventisca.
El chico, cubierto por una gruesa capa, percibía aquel miedo. El hombre lo sabía; aunque a veces habría dado cualquier cosa por desentrañar qué rondaba por la mente del muchacho, en la mayor parte de las ocasiones decidía que era mejor seguir ignorándolo.
En cualquier caso, pronto se solucionaría todo. Estaban a punto de llegar.
Habían partido dos meses atrás; en ningún momento le dijo al chico adonde se dirigían, y él tampoco había preguntado. A lo largo de todo el trayecto apenas había hablado, mirándole con esa extraña mirada suya y con una leve sonrisa en los labios.
El hombre se estremeció, pero no a causa del frío.
Se volvió un momento para observar al muchacho, y él le devolvió una mirada inescrutable.
Siguieron su camino, hasta que el hombre se detuvo bruscamente y miró al frente, alzando el farol.
Ante él se erguía una alta verja de hierro.
-Hemos llegado -anunció secamente.
El chico despegó los labios por primera vez en muchos días.
-La Torre -murmuró.
El hombre se estremeció. ¿Cómo lo había sabido?
-Bien, pues... -empezó, indeciso-. Ya estamos aquí. Supongo que habrá una campanilla para llamar o algo por el estilo-Alzaba el farol para buscarla cuando súbitamente se oyó un gran resoplido que parecía venir de las entrañas de la tierra. El hombre dio un salto atrás. Entonces, una gran nube de humo ardiente que procedía del otro lado de la verja los envolvió. Sin poder evitar un ataque de tos, el extranjero levantó la luz en alto, intentando ver algo, y lo que vio lo dejó absolutamente aterrado.
Por encima de la verja se alzaba lentamente un enorme bulto vivo, una gigantesca cabeza unida a un largo cuello escamoso, una cabeza con cuernos y colmillos enormes, cuyo hocico aún echaba humo y que se inclinaba hacia ellos con los ojos entornados.
El forastero gritó, aterrado ante la visión de la criatura, que siguió pasando el cuello por encima de la verja hasta que sus ojos y sus fauces estuvieron prácticamente a la altura de los dos humanos. El pavor impidió moverse al mayor, mientras que el joven permanecía impasible.
-Buenas noches, viajeros -dijo entonces el dragón, amablemente; sus ojos verdes brillaban divertidos y burIones al ver la expresión horrorizada del recién llegado-. Bienvenidos a la Torre.
-No... nosotros... -balbuceó él-. Ya... ya nos íbamos.
-No nos vamos, padre -intervino entonces el muchacho, con voz suave pero autoritaria.

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