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#130641
nellys999
nellys999

Apr 28, 2009
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004 La Joya Secreta - V.C. Andrews

Jet

Biblioteca de V. C. Andrews

PLAZA & JANES

V. C. Andrews"

La joya secreta

Traducción de Josefina Meneses

PLAZA & JANES EDITORES, S.A.

Título original: Hidden Jewel
Diseño de la portada: Método, S. L.
Ilustración de la portada: © Norma - Royo
Primera edición: junio, 1998
© 1995, Virginia C. Andrews
Trust © de la traducción, Josefina Meneses
© 1998, Plaza & Janes Editores, S. A.
Travessera de Gracia, 47-49. 08021 Barcelona

Queda rigurosamente prohibida, sin la autorización escrita de los titulares del «Copyright», bajo las sanciones establecidas en las leyes, la reproducción -parcial o total de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.

Printed in Spain - Impreso en España

ISBN: 84-01-49182-7 (col. Jet)
ISBN: 84-01-49799-X (vol. 182/20)
Depósito legal: B. 23.348 - 1998

Fotocomposición: Comptex & Ass., S. L.

Impreso en Litografía Roses, S. A.
Progrés, 54-60. Gavá (Barcelona)

L 49799X

PRÓLOGO

Siempre comienza igual. Primero le oigo cantar la canción de cuna. Él me lleva en sus brazos, y caminamos por marismas en las que la hierba crece tan alta que ni él ni yo podemos ver sus pies, sólo la parte superior de sus botas altas. Él se cubre con un sombrero de paja cuya ala cubre con una máscara de sombras sus ojos y nariz. Yo llevo mi boina rosa y blanca.
Detrás de nosotros, los monstruos metálicos emiten su monótono tamborileo. Parecen gigantescas abejas extrayendo el negro néctar de las entrañas de la tierra. Cuando miro hacia atrás, veo los enormes balancines alzar y bajar las cabezas, como diciéndome que sí. Eso me asusta y sé que él se da cuenta, porque me estrecha con mayor fuerza y canta más alto.
Llegamos junto a una bandada de verderones que echan a volar con gracia y belleza, pero lo hacen de forma tan brusca y se me acercan tanto, que noto la brisa formada por sus alas. Él ríe. Es una risa suave y acariciadora que resbala sobre mí como agua fresca.
Ante nosotros, la gran casa se alza majestuosa. Es tan enorme, que parece capaz de tragarse el cielo y tapar el sol. Distingo a mamá bajando las escaleras, procedente de su estudio de arte. Ella nos ve y saluda, y él vuelve a reír. Mamá echa a andar hacia nosotros, deprisa al principio y corriendo luego. Con el paso de cada instante, mamá se hace más y más joven... ¡hasta que se convierte en mí!
Me encuentro frente a un espejo, contemplándome. Me asombra ver mis ojos azules, mis cabellos rubios, mi tez de nácar. Sonrío y tiendo la mano para tocar el cristal, pero en cuanto lo hago, caigo para atrás. Caigo y caigo hasta que escucho un chapoteo. Abro los ojos y veo un banco de peces fugitivos. Su desaparición revela las retorcidas raíces de un caído ciprés, que parecen los engarfiados dedos de un gigante dormido. Me asustan, doy media vuelta, y me tropiezo con él.
Tiene los ojos y la boca abiertos, y parece muy sorprendido de estar allí, en el fondo. Intento gritar, pero me entra agua y me atraganto.
En ese momento, despierto.
Cuando era más pequeña, el ruido de mis boqueadas hacía que papá o mamá acudiesen; a veces, ambos. Pero ya llevo años siendo capaz de contenerme. Recupero el aliento y reúno el valor suficiente para apoyar de nuevo la cabeza en la almohada, buscando de nuevo el sueño.
Esta noche, mamá debe de haberse anticipado a mi sueño, porque aparece en el umbral de mi cuarto momentos después de mi ahogado grito.
-¿Estás bien, Pearl? -me pregunta.
-Sí, mamá.
-¿El sueño?
-Sí, pero estoy bien, mamá -le aseguro.
-¿De veras, cariño? -inquiere, acercándose.
Me pregunto por qué se preocupa tanto. ¿Tan grave es que yo siga teniendo el sueño?
-¿Cuándo se terminará, mamá? ¿Seguiré toda mi vida soñando lo mismo?
-No sé, cariño. Espero que no. -Mira hacia el umbral-. Puedo encender otra vela -susurra.
-No, gracias, mamá.
En una ocasión, estaba tan desesperada por mi sueño que puso en práctica uno de los viejos remedios vudú que había aprendido de Nina Jackson, la cocinera de mi abuelo Dumas, y papá se puso furioso.
-Estoy bien, de veras -digo.
Ella me aparta unos mechones de la frente y me da un beso.
-¿Qué está pasando aquí? -inquiere papá desde el umbral, poniendo la más severa de sus voces.
-Charla de mujeres, Beau.
-¿A las tres de la madrugada? -pregunta él, asombrado.
-Privilegios femeninos.
-Supongo que te refieres a volver locos a los hombres. Ése es el privilegio de las mujeres. -Dicho esto, papá regresa rezongando a su cama.

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