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#127010
nellys999
nellys999

Apr 15, 2009
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Cynster 4 Tu nombre es Escandalo - Stephanie Laurens

Sandal's Bride






Tu nombre es Escándalo






STHEPHANIE LAURENS










RESUMEN


«Será el padre de tus hijos.... »

Catriona Hennessy, la señora del valle ---un viejo título de la pequeña aristocracia escocesa---, queda desconcertada al recibir esta predicción. ¿Cómo puede ella casarse con Richard Cynster, un autoritario caballero con reputación escandalosa? Más asombroso todavía resulta el testamento de su tutor, que decreta que ella y Richard han de casarse en el plazo de una semana. Aunque no puede negar que a pesar de todo se siente muy atraída por él, no quiere renunciar a su independencia, por lo que urde un plan para conseguir lo que necesita sin tener que pronunciar los votos nupciales.
Richard se queda igual de atónito ante la disposición testamentaria. El matrimonio nunca ha entrado en sus planes aunque quizás domesticar a la señora del valle sea justo el desafío que necesita....

Esta es la cuarta novela de la exitosa saga de los irresistibles primos Cynster después de La promesa de un beso, Diablo y El juramento de un libertino
























Prólogo

1 de diciembre de 1819
Casphairn Manor, valle de Casphairn
Galloway Hills, Escocia.

Jamás había tenido una visión semejante.
Unos ojos azules -azules, azules- como los cielos, azules como las flores de aciano que moteaban los campos del valle. Era la mirada de un pensador, clarividente aunque concentrada.
O la de un guerrero.
Catriona despertó, casi sorprendida de encontrarse sola. Desde las pro-fundidades de la enorme cama observó el entorno familiar, las gruesas cor-tinas de terciopelo que envolvían la cama a medias y también las de las ventanas, más allá de las cuales el viento murmuraba cuentos del invierno que se avecinaba a quienquiera que aún estuviese despierto. En la chime-nea relucían las brasas, derramando su resplandor sobre la lustrosa made-ra, el brillo suave del suelo y los tonos más claros de la silla y el tocador. Era noche cerrada, la hora en que un día da paso al siguiente. Todo era de una normalidad tranquilizadora; nada había cambiado.
Sin embargo, sí que lo había hecho.
Con el corazón latiéndole despacio, Catriona se arrebujó bajo las man-tas y meditó sobre la visión que la había asaltado... la visión de la cara de un hombre. Los detalles permanecían grabados en su memoria, junto con la convicción de que aquel hombre significaría algo que incidiría en su vi-da de forma trascendental.
Quizá fuera el mismo que «la Señora» había escogido para ella.
Aquel pensamiento la sobresaltó. Después de todo, tenía veintidós años, una edad en la que las jovencitas ya no invitaban a los amantes a sus camas, cuando tal vez habría podido interpretar su papel en aquel rito in-terminable. No es que se lamentara de cómo había sido su vida, lo cual no importaba, porque de hecho su camino había sido establecido desde el ins-tante mismo de su nacimiento. Ella era «la Señora del valle».
El título, una tradición local, era suyo y sólo suyo; ninguna otra podía reclamarlo. Como hija única, a la muerte de sus padres había hereda-do Casphairn Manor junto con el valle y las responsabilidades inherentes. Con su madre -que antes que Catriona había heredado de la suya la ca-sa solariega, las tierras y la posición- había pasado lo mismo. Todas sus antepasadas directas habían sido «la Señora del valle».
Arrebujada en el cálido edredón de plumas, Catriona sonrió. Eran po-cos los extraños que entendían el significado exacto de su título. Algunos pensaban que era bruja..., algo que incluso había utilizado para espantar a algún aspirante a pretendiente. Tanto la Iglesia como el Estado sentían poca devoción por las brujas, pero el aislamiento del valle la mantenía a salvo; sí, pocos conocían su existencia, y nadie cuestionaba la autoridad de Catriona o la doctrina de la que brotaba.
No obstante, todos los habitantes del valle sabían quién era Catriona y lo que implicaba su posición. Con unas raíces hundidas en el fértil sue-lo durante generaciones, sus aparceros (todos ellos habitantes y trabajado-res del valle) veían a «su Señora» como a la representante local de la mis-mísima Señora que, más vieja que el tiempo, era el espíritu de la tierra que los mantenía y guardiana de su pasado y su futuro. Todos, cada uno a su manera, rendían tributo a la Señora, confiando con absoluta e incondi-cional seguridad en su representante terrenal para que los cuidara a ellos y al valle.
Guardar, proteger, criar, alimentar y curar... Esos eran los principios de la Señora, las únicas directrices que seguía Catriona y a las cuales con-sagraría, infatigable, su vida. Al igual que su madre, su abuela y su bisabuela antes que ella. Vivía la vida con sencillez, de acuerdo con los dictados de la Señora, lo que en general resultaba una tarea sencilla.


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