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Español
#127009
nellys999
nellys999

Apr 15, 2009
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Cynster 3 Juramento de un Libertino - Stephanie Laurens

ARGUMENTO:

EL JURÓ QUE NO SE CASARÍA JAMÁS.

VANE CYNSTER SIEMPRE HABÍA SABIDO HACIA DÓNDE SOPLABA
EL VIENTO: EN DIRECCIÓN AL MATRIMONIO. TAL VEZ A LOS
DEMÁS VARONES DE LA FAMILIA CYNSTER NO LES IMPORTASE
LLEGAR AL ALTAR, PERO VANE NUNCA QUISO VERSE ATADO A
NINGUNA MUJER, POR MUY ENCANTADORA QUE FUERA.

BELLAMY HALL LE PARECÍA EL LUGAR PERFECTO PARA
OCULTARSE DURANTE UN TIEMPO DE LAS CAZAMARIDOS DE


LONDRES; PERO CUANDO CONOCIÓ A PATIENCE DEBBINGTON
COMPRENDIÓ QUE HABÍA ENCONTRADO LA PAREJA IDEAL
PARA ÉL, Y PRONTO NACIÓ EN SU MENTE ALGO MÁS QUE EL
DESEO DE SEDUCCIÓN.

ELLA JURÓ QUE NINGÚN HOMBRE LOGRARÍA ATRAPARLA.

PATIENCE NO ESTABA DISPUESTA A SUCUMBIR A LAS SENSUALES
PROPOSICIONES DE VANE. SUS BESOS LA DEJABAN ATURDIDA,
SUS CARICIAS LA HACÍAN DERRETIRSE, PERO ERA UN HOMBRE
ARROGANTE, PRESUNTUOSO E INFIEL... IGUAL QUE CUALQUIER
OTRO. PATIENCE SE HABÍA PROMETIDO A SÍ MISMA QUE JAMÁS
SE EXPONDRÍA A QUE LE ROMPIERAN EL CORAZÓN.

COMENTARIO:

ESTA NUEVA ENTREGA DE LA SAGA DE LA FAMILIA CYNSTER -QUE SE PUEDE
LEER DE FORMA INDEPENDIENTE- SIN DUDA GUSTARÁ A LAS LECTORAS AÚN
MÁS QUE LAS EXITOSAS LA PROMESA EN UN BESO Y DIABLO, Y DARÁ A
STEPHANIE LAURENS UN LUGAR DEFINITIVO EN LA CONSTELACIÓN DE SUS
AUTORAS FAVORITAS.


Capitulo 1

Octubre de 1819 Northamptonshire

-Se ve que quieres avanzar deprisa. Da la impresión de que te persiguiera el
mismo diablo.

-¿Qué? -Sacado bruscamente de su inquieto estado de contemplación, Vane
Cynster levantó la vista de las orejas de su montura y miró a su alrededor para
fijarse por fin en Duggan, el mozo de caballos... y también en la masa de
nubes bajas y amenazadoras que se cernía sobre ellos desde atrás-. ¡Maldición!
-Vane miró al frente y sacudió las riendas; el par de caballos que tiraba del
carruaje saltó hacia delante con fuerza. Volvió a mirar a su espalda y dijo-:
¿Crees que podremos dejarla atrás?

Estudiando los nubarrones, Duggan negó con la cabeza.

-Abarca más de cuatro kilómetros, seis tal vez. No nos da tiempo a regresar
a Kettering, ni tampoco de llegar a Northampton.

Vane soltó un juramento. No le hacía ninguna gracia la idea de terminar
empapado. Sintió el aguijón de la desesperación; con los ojos fijos en el
camino que los caballos recorrían a toda velocidad, buscó alguna alternativa,
alguna vía de escape.
Apenas unos minutos antes, pensaba en Diablo, el duque de St. Ives, su
primo, compañero de infancia e íntimo amigo... y en la esposa que le había
deparado el destino, Honoria, ahora duquesa de St. Ives. Ésta era quien había
ordenado que él, Vane, y los otros cuatro miembros aún solteros de la Quinta
de los Cynster no sólo financiaran, sino que asistieran además al servicio
religioso, y dedicado al arreglo del tejado y de la iglesia del pueblo de
Somersham, vecino a la casa ducal. Cierto que la procedencia del dinero que
ella había decretado que aportaran era infame, puesto que se trataba de las
ganancias de una apuesta que ni ella ni sus respectivas madres habrían
aprobado. El antiguo dicho de que las únicas mujeres de las que debían
cuidarse los varones Cynster eran las esposas Cynster seguía teniendo la
misma validez para la generación actual que para las anteriores. La razón por
la que sucedía esto no era algo en lo que a un varón Cynster le gustara mucho
ahondar.

Y aquélla era precisamente la razón por la que Vane sentía una necesidad
tan imperiosa de salir de la trayectoria de la tormenta. El destino, disfrazado
de aguacero, había dispuesto que se conocieran Honoria y Diablo y en
circunstancias que prácticamente garantizaron su posterior casamiento. Y
Vane no estaba dispuesto a correr riesgos innecesarios.

-Bellamy Hall. -Se aferró a la idea como un hombre a punto de ahogarse-.
Minnie nos dará cobijo.

-Buena idea -dijo Duggan más esperanzado-. El desvío no queda lejos.


Estaba a la vuelta del siguiente recodo. Vane tomó la curva a toda velocidad
y, a continuación, dejó escapar un juramento y aminoró el paso de los
caballos. El estrecho camino no estaba tan bien pavimentado como la
carretera que acababan de dejar. Demasiado encariñado con sus resistentes
caballos para arriesgarse a hacerles daño, se concentró en guiarlos lo más
deprisa que se atrevía, consciente de la oscuridad creciente de aquel temprano
y antinatural crepúsculo, y del cada vez más intenso aullido del viento.

Había salido de Somersham Place, la residencia habitual de Diablo, poco

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