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ARGUMENTO:
EL JURÓ QUE NO SE CASARÍA JAMÁS. VANE CYNSTER SIEMPRE HABÍA SABIDO HACIA DÓNDE SOPLABA EL VIENTO: EN DIRECCIÓN AL MATRIMONIO. TAL VEZ A LOS DEMÁS VARONES DE LA FAMILIA CYNSTER NO LES IMPORTASE LLEGAR AL ALTAR, PERO VANE NUNCA QUISO VERSE ATADO A NINGUNA MUJER, POR MUY ENCANTADORA QUE FUERA. BELLAMY HALL LE PARECÍA EL LUGAR PERFECTO PARA OCULTARSE DURANTE UN TIEMPO DE LAS CAZAMARIDOS DE LONDRES; PERO CUANDO CONOCIÓ A PATIENCE DEBBINGTON COMPRENDIÓ QUE HABÍA ENCONTRADO LA PAREJA IDEAL PARA ÉL, Y PRONTO NACIÓ EN SU MENTE ALGO MÁS QUE EL DESEO DE SEDUCCIÓN. ELLA JURÓ QUE NINGÚN HOMBRE LOGRARÍA ATRAPARLA. PATIENCE NO ESTABA DISPUESTA A SUCUMBIR A LAS SENSUALES PROPOSICIONES DE VANE. SUS BESOS LA DEJABAN ATURDIDA, SUS CARICIAS LA HACÍAN DERRETIRSE, PERO ERA UN HOMBRE ARROGANTE, PRESUNTUOSO E INFIEL... IGUAL QUE CUALQUIER OTRO. PATIENCE SE HABÍA PROMETIDO A SÍ MISMA QUE JAMÁS SE EXPONDRÍA A QUE LE ROMPIERAN EL CORAZÓN. COMENTARIO: ESTA NUEVA ENTREGA DE LA SAGA DE LA FAMILIA CYNSTER -QUE SE PUEDE LEER DE FORMA INDEPENDIENTE- SIN DUDA GUSTARÁ A LAS LECTORAS AÚN MÁS QUE LAS EXITOSAS LA PROMESA EN UN BESO Y DIABLO, Y DARÁ A STEPHANIE LAURENS UN LUGAR DEFINITIVO EN LA CONSTELACIÓN DE SUS AUTORAS FAVORITAS. Capitulo 1 Octubre de 1819 Northamptonshire -Se ve que quieres avanzar deprisa. Da la impresión de que te persiguiera el mismo diablo. -¿Qué? -Sacado bruscamente de su inquieto estado de contemplación, Vane Cynster levantó la vista de las orejas de su montura y miró a su alrededor para fijarse por fin en Duggan, el mozo de caballos... y también en la masa de nubes bajas y amenazadoras que se cernía sobre ellos desde atrás-. ¡Maldición! -Vane miró al frente y sacudió las riendas; el par de caballos que tiraba del carruaje saltó hacia delante con fuerza. Volvió a mirar a su espalda y dijo-: ¿Crees que podremos dejarla atrás? Estudiando los nubarrones, Duggan negó con la cabeza. -Abarca más de cuatro kilómetros, seis tal vez. No nos da tiempo a regresar a Kettering, ni tampoco de llegar a Northampton. Vane soltó un juramento. No le hacía ninguna gracia la idea de terminar empapado. Sintió el aguijón de la desesperación; con los ojos fijos en el camino que los caballos recorrían a toda velocidad, buscó alguna alternativa, alguna vía de escape. Apenas unos minutos antes, pensaba en Diablo, el duque de St. Ives, su primo, compañero de infancia e íntimo amigo... y en la esposa que le había deparado el destino, Honoria, ahora duquesa de St. Ives. Ésta era quien había ordenado que él, Vane, y los otros cuatro miembros aún solteros de la Quinta de los Cynster no sólo financiaran, sino que asistieran además al servicio religioso, y dedicado al arreglo del tejado y de la iglesia del pueblo de Somersham, vecino a la casa ducal. Cierto que la procedencia del dinero que ella había decretado que aportaran era infame, puesto que se trataba de las ganancias de una apuesta que ni ella ni sus respectivas madres habrían aprobado. El antiguo dicho de que las únicas mujeres de las que debían cuidarse los varones Cynster eran las esposas Cynster seguía teniendo la misma validez para la generación actual que para las anteriores. La razón por la que sucedía esto no era algo en lo que a un varón Cynster le gustara mucho ahondar. Y aquélla era precisamente la razón por la que Vane sentía una necesidad tan imperiosa de salir de la trayectoria de la tormenta. El destino, disfrazado de aguacero, había dispuesto que se conocieran Honoria y Diablo y en circunstancias que prácticamente garantizaron su posterior casamiento. Y Vane no estaba dispuesto a correr riesgos innecesarios. -Bellamy Hall. -Se aferró a la idea como un hombre a punto de ahogarse-. Minnie nos dará cobijo. -Buena idea -dijo Duggan más esperanzado-. El desvío no queda lejos. Estaba a la vuelta del siguiente recodo. Vane tomó la curva a toda velocidad y, a continuación, dejó escapar un juramento y aminoró el paso de los caballos. El estrecho camino no estaba tan bien pavimentado como la carretera que acababan de dejar. Demasiado encariñado con sus resistentes caballos para arriesgarse a hacerles daño, se concentró en guiarlos lo más deprisa que se atrevía, consciente de la oscuridad creciente de aquel temprano y antinatural crepúsculo, y del cada vez más intenso aullido del viento. Había salido de Somersham Place, la residencia habitual de Diablo, poco
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