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El Diezmo y las Ofrendas

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EL DIEZMO Y LAS OFRENDAS 

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ABNER ISBEN 

2005

 

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CONTENIDO INTRODUCCION CAPITULO 1 El Diezmo. Página ………………… ……………………………. 3 ………………………………………………… 10

CAPITULO 2 Finalidades del diezmo. …………………….…………………………

18

CAPITULO 3 ¿Se encuentra Vigente el Diezmo? …………………………………… 27 CAPITULO 4 ¿Qué dice el Nuevo Testamento? CAPITULO 5 ¿Sigue Vigente la Ley?

……………………………………

55

……………………………………..…

62

CAPITULO 6 ¿Damos o no Damos el Diezmo? CAPITULO 7 Las Ofrendas.

…………………………………...

73

……………………………………………………….. 77

CAPITULO 8 Vivir del Evangelio.

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EL DIEZMO Y LAS OFRENDAS 

INTRODUCCION

 

3

Todos los cristianos creemos y sabemos que Dios es real; muy pocos serán aquellos que no lo estimen así o piensen que Dios sólo es un mito, una hipótesis o algo propio del invento humano. Y para confirmar su realidad, no solamente creemos, de acuerdo con el grado de nuestra fe, sino que tenemos ante nuestros ojos su creación, tenemos en nuestras manos la prueba más fiel de su palabra escrita y revelada al hombre en todas las épocas, incluido el tiempo actual; pero, por sobre todo eso, tenemos su presencia real entre nosotros con voz audible. Sin embargo, la plenitud del mundo creyente, y aún más los no creyentes, no alcanzan a comprender aquello, porque muchos no logran verlo, ni sentirlo, ni escucharlo; de allí nacen muchas de las dudas y las grandes controversias. Por ejemplo, la vigencia de la Ley de Moisés, los mandamientos, la venida del Señor, la gran tribulación, el milenio, el bautismo, el Espíritu Santo, las lenguas, los milagros, el diezmo, entre otros, son motivo de agrias controversias que terminan rompiendo la unidad de los cristianos antes que fortaleciéndola; y el mandato de Dios, por supuesto, entra en conflicto hasta el punto de ser quebrantado, gracias al mezquino pensamiento humano que propone diferentes interpretaciones sobre un mismo tema. Obviamente, no es ese el camino que debemos seguir. Si sabemos que la palabra de Dios está siendo quebrantada, desobedecida o mal interpretada, algo tenemos que hacer para corregirlo; mucho más si tenemos la evidencia cierta de obtener alguna de las consecuencias previstas para quienes se muestran desleales, omisos o en rebeldía a esa palabra, porque indefectiblemente todos los anuncios deben cumplirse, inclusive aquellos que terminan con la pena del infierno; todos se cumplirán con exactitud matemática en su debido tiempo, aunque el hombre invente mil cosas y se empecine en negarlo. Bajo esta perspectiva, creo necesario que miremos adecuadamente y con detenimiento nuestro caminar cristiano, a fin de corregir aquello que no está bien delante de Dios, si acaso hasta hoy no lo hemos advertido. Si realmente somos cristianos de corazón, es más que un principio racional creer y obedecer a Cristo, el Señor, tal y como Él lo ha demandado de nosotros, porque si hemos formado parte de su iglesia, es imperativo que actuemos bajo esos mismos principios cristianos que por gracia de Dios hemos conocido, recibido y aceptado, a fin de no estar reprobados en el preciso momento de nuestro cambio, de ese momento crucial y obligatorio hacia el cual nos dirigimos, ya por la muerte, ya por la transformación de nuestros cuerpos en la venida del Señor Jesucristo, porque todos nosotros sabemos que el Señor prometió volver a la tierra, y lo hará nuevamente, pero no como un Cordero, sino como el Rey Todopoderoso que ha de juzgar a los vivos en su manifestación, así como a los muertos en su reino. Si en veces creemos, bajo el formato de nuestra sabiduría humana, que las cosas están bien encaminadas y que cumplen con todos los preceptos divinos, nuestra misma conciencia bien puede acusarnos de traición, porque a la luz de su palabra y de la experiencia vivida, las cosas que vemos y oímos no están encaminadas de esa manera, y ello es motivo de tristeza, tanto en muchos de nuestros corazones, como seguramente lo es también en el sentimiento mismo de Dios. Otras veces, talvez, proponemos que efectivamente entendemos mejor que nadie el precepto, de manera que siempre nos asiste la razón en tal o cual asunto; pero tampoco esto es verdad si los frutos propuestos no se ven en esos campos. Finalmente, hasta se puede sugerir que gracias a nuestra imperfección, las cosas no pueden ser perfectas, y es válido el concepto para implementar alguna pequeña modificación o interpretación a cualquier tema, porque si no altera ostensiblemente el concepto básico, en cambio se obtienen buenos resultados o beneficios. Lo importante es determinar hacia dónde se dirigen esos beneficios y si van en la dirección correcta; es decir, si van acordes con los fines y planes de Dios, o solamente están encaminados hacia

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