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pollo80

on Apr 01, 2009
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Las muertas Jorge Ibargoengoitia

3


LAS MUERTAS


OBRAS DE JORGE IBARGÜENGOITIA

JORGE I B A R G Ü E N G O I T I A

Las muertas

JOAQUÍN M O R T I Z • M É X I C O





Algunos de los acontecimientos que aquí se narran son reales.
Todos los personajes son imaginarios.

Diseño de colección: Pablo Rulfo y Teresa Ojeda / Stega Diseño
Ilustración de portada: Joy Laville
Fotografía del autor: Archivo Joy Laville


Jorge Ibargüengoitia, 1977
Herederos de Jorge Ibargüengoitia
D.R. ® Editorial Joaquín Mortiz, S. A. de C.V.
Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V.
Avenida Insurgentes Sur núm. 1162
Colonia del Valle, 03100 México, D.F.


Edición original [Nueva Narrativa Hispánica]: 1977
Primera edición en Obras de Jorge Ibargüengoitia: 1988
Decimanovena reimpresión: noviembre del 2000
ISBN: 968-27-0291-7


Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta,
puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna
ni por ningún medio, sin permiso previo del editor.



1
LAS DOS VENGANZAS

1
Es posible imaginarlos: los cuatro llevan anteojos negros, el Escalera maneja encorvado sobre el volante, a su lado está el Valiente Nicolás leyendo Islas Marías, en el asiento trasero, la mujer mira por la ventanilla y el capitán Bedoya dormita cabeceando.
El coche azul cobalto sube fatigado la cuesta del Perro. Es una mañana asoleada de enero. No se ve una nube. El humo de las casas flota sobre el llano. El camino es largo, al principio recto, pero pasada la cuesta serpentea por la sierra de Güemes, entre los nopales.
El Escalera detiene el coche en San Andrés, se da cuenta de que los otros tres se han quedado dormidos, despierta a la patrona para que pague la gasolina, y entra en la fonda. Almuerza chicharrones en salsa, frijoles y un huevo. Cuando está tomando la segunda taza de café entran los otros tres en la fonda, amodorrados. Los mira compasivo: lo que para él es el principio del día es para los otros el final de la parranda. Ellos se sientan. El capitán actúa con cautela, le pregunta a la mesera:
-Dígame qué tienen que esté muy sabroso.
El Escalera se levanta, sale a la calle y da vueltas en la plaza con las manos en los bolsillos, paso largo y muy lento y un palillo de dientes en la boca. Se abrocha la chamarra, porque a pesar de brillar el sol sopla un vientecito helado. Se detiene a ver unos boleros que arrojan tostones contra la pared en un juego de rayuela diferente al que él conoce. Sigue su paseo reflexionando si los habitantes de Mezcala son más brutos que los del Plan de Abajo. Se detiene otro instante a leer el letrero que hay en el monumento a los Niños Héroes -"Gloria a los que murieron por la Patria. . . "- y ve salir de la fonda a sus tres pasajeros - "la carga", en lenguaje de choferes-: el capitán y el Valiente con ropa de civil que conserva rastrojos del uniforme, como la camisola verde olivo del segundo y las botas de caballería del primero, y Serafina, vestida de negro arrugado, que pela la pierna morena y enseña el sobaco al subir en el coche. Una vez los tres se han acomodado, tocan el claxon perentoriamente para que el chofer venga a manejarles.
Siguen su camino que pasa por parajes famosos: por Aquisgrán el Alto -"Señor Presidente, nos robaron el agua", dice un letrero en la entrada- en donde a Serafina se le antoja un refresco, por Jarápato en donde el Escalera hace un alto para echarle un peso a la alcancía de una iglesia que se construye con limosnas de choferes, por Ajiles en donde compran quesos; al pasar frente al cerro del Cazahuate, el capitán pide que se pare el coche para bajarse a orinar -"echar una firma", dice- y en San Juan del Camino, que tiene una virgen milagrosa, se detienen a descansar.
Serafina entra en el templo (después se supo que encendió una vela, pidió de rodillas a la Virgen buena suerte en la empresa y en agradecimiento anticipado clavó en el terciopelo rojo un milagro de plata en forma de corazón, como si ya se lo hubiera concedido). Mientras tanto los tres hombres se sientan en una mesa de la nevería, piden mantecados, discuten y deciden que lo que se proponen hacer se hace con mayor facilidad con luz del día. Cuando Serafina, que sale del templo, se les reúne, no está de acuerdo y ordena que la empresa se lleve a cabo de noche.
Esto quiere decir que tienen que perder tres horas, que pasan dormidos debajo de un zapote a la salida de Jalcingo. El sol se está metiendo cuando empiezan a ladrarles los perros del Salto de la Tuxpana.
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