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El engendro de la muerte
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Capítulo uno
Descubrimiento macabro -Harry -La voz de Darcy Clarke sonó crispada a través de la línea telefónica, a pesar de que se esforzaba por controlarla-. Tenemos un problema para el que nos vendría bien algo de ayuda. Como la que tú podrías prestarnos. Harry Keogh, necroscopio, podía o no saber qué preocupaba al jefe de la Sección PES británica, y podía o no estar relacionado directamente con él. -¿De qué se trata, Darcy? -preguntó con voz suave. -De un asesinato -contestó Darcy, y la crispación aumentaba y le temblaba la voz-. ¡Un horrible asesinato, Harry! ¡Dios mío, nunca había visto nada igual! En su época, Darcy Clarke había visto muchas cosas y Harry Keogh lo sabía, de modo que le resultó difícil creer en lo que acababa de decir. A menos que Clarke se refiriera a... -¿Has dicho el tipo de ayuda que yo podría prestaros? -De repente, Harry centró toda su atención en el teléfono-. Darcy, ¿intentas decirme que..., que...? -¿Cómo? -Al principio, el otro no lo entendió-. No, no, por el amor de Dios, no. No ha sido obra de un vampiro, Harry. Pero sí de una especie de monstruo, de eso no cabe duda. Humano, pero monstruo al fin. Harry se relajó un poco, muy poco. Ya suponía que tarde o temprano lo llamarían de la Sección PES. Podría tratarse de eso: alguna trampa ingeniosa. Salvo que..., no, Darcy siempre había sido amigo suyo; Harry no lo creía capaz de fingir en algo así sin haberse cerciorado antes a fondo. E incluso si así fuera, Harry no se imaginaba a Darcy persiguiéndolo con una ballesta y una flecha de madera dura, un machete y una lata de gasolina. No, primero tendría que hablar con él, obtener la versión de Harry. Pero al final... El jefe de la Sección sabía ya casi tanto como Harry sobre vampiros. Por lo tanto, sabría también que no había esperanza. Habían sido amigos, habían luchado en el mismo bando, de modo que Harry suponía que no sería Darcy quien pusiera el dedo en el gatillo. Sino otra persona. -¿Harry? -Clarke parecía nervioso-. ¿Sigues ahí? -¿Dónde estás, Darcy? -preguntó Harry. -En la sala de servicio de la Policía Militar, en el castillo -respondió el otro de inmediato-. Encontraron el cuerpo debajo de los muros. Era una cría, Harry. Tendría dieciocho o diecinueve años. Todavía no han podido averiguar siquiera quién era. Si lo supiéramos, nos sería de gran ayuda. Aunque lo mejor de todo sería descubrir quién lo ha hecho. Si Harry Keogh podía confiar en alguien, ése era Darcy Clarke. -Dame un cuarto de hora -contestó-, voy para allá. -Gracias, Harry -dijo Clarke con un suspiro de alivio-. Te estamos agradecidos. -¿Estamos? -le espetó Harry, sin poder disimular un asomo de suspicacia en su voz. -¿Cómo? -Clarke parecía sorprendido, estupefacto-. ¿Quién va a ser? La policía y yo. Un asesinato. La policía. No se trataba de un trabajo para la Sección. ¿Qué tendría Clarke que ver si la cosa iba en serio? -¿Y cómo te has dejado liar? De repente, el otro reaccionó como si..., ¿como si lo hubieran pillado con ... Show full text: 1,061,588 characters
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