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Los pilares de la tierra II
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-Jack tiró cerveza a la cara de Alfred -intervino un joven albañil de nombre Dan, que trabajaba para Alfred.
-Pero él había provocado al chaval -aseguró Peter-. Alfred insultó al padre natural de Jack.
Tom miró a Alfred.
-¿Lo hiciste?
-Dije que su padre era un ladrón -contestó Alfred-. Y es verdad. Por eso le ahorcaron en Shiring. El sheriff Eustace me lo dijo ayer.
-Es triste que un maestro artesano haya de morderse la lengua si a un aprendiz no le gusta lo que dice -intervino Jack Blacksmith.
Se oyó un murmullo de aprobación. Jack se dio cuenta abatido de que, fuese como fuese, no iba a salirse de rositas de aquel embrollo. Tal vez esté condenado a convertirme en un criminal como mi padre, se dijo. Tal vez acabe también en la horca.
-Pues yo digo que la cosa cambia cuando el artesano pretende adrede enfurecer al aprendiz -insistió Peter Carpenter, que al parecer se erigía en defensor de Jack.
-Aún así, hay que castigar al aprendiz -afirmó Jack Blacksmith.
-No lo niego -respondió Peter-. Sólo creo que el artesano también deberá recibir su merecido. Los maestros artesanos deberían hacer uso de la prudencia que le otorgan sus años para lograr la paz y la armonía en una construcción. Si provocan peleas, están faltando a su deber.
Aquello pareció despertar cierta aprobación; pero intervino de nuevo Dan, el partidario de Alfred.
-Sería un principio arriesgado perdonar al aprendiz porque el artesano no se muestre amable. Los aprendices siempre creen que los maestros no son amables. Si empezáis a discutir en ese sentido, resultará que los maestros nunca hablarán a sus aprendices por temor a que éstos les golpeen por mostrarse descorteses.
Aquella arenga fue acogida con mucho entusiasmo, ante el fastidio de Jack. Sólo servía para sostener que había de apoyarse sin recato la autoridad de los maestros, sin tener en cuenta lo justo o injusto del caso. Se preguntaba cuál podría ser su castigo. No tenía dinero para pagar una multa. Aborrecía la idea de que le metieran en el cepo. ¿Qué pensaría Aliena de él? Pero todavía sería peor que le azotaran.
Pensó que acuchillaría a cualquiera que lo intentara.
-No debemos olvidar que nuestro patrón tiene también una idea muy firme sobre esto. Dice que no debemos tener trabajando a Alfred y a Jack en el mismo lugar. Uno de ellos habrá de irse -dijo Tom.
-¿No se le podría hacer cambiar de idea? -preguntó Peter.
-No -respondió Tom al cabo de una pausa en la que permaneció pensativo.
Jack se mostró sobresaltado. No había tomado en serio el ultimátum del prior Philip. Pero, al parecer, Tom sí lo había hecho.
-Si uno de ellos ha de irse, confío en que no habrá discusión acerca de quién ha de hacerlo -plantes Dan.
Era uno de los albañiles que trabajaban para Alfred y no directamente para el priorato. Por tanto si Alfred se fuera, Dan con toda probabilidad habría de irse también.
Una vez más Tom pareció pensativo.
-No, no habrá discusión -dijo y luego, mirando a Jack, añadió-: Jack deberá ser el que se va...

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