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The Boy Who Sneaks in my Bedroom Window (Liam Payne)

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Oí el coche estacionar, así que di un salto y corrí hacia la ventana. Me estremecí cuando lo vi salir del coche y caminar furioso hacia la casa. Me sentí enferma. No podía dejarlos hacer esto, se iban a meter en tantos problemas. No podría soportar perder a ninguno de ellos.
No quería que Niall se metiera en problemas, pero en serio me mataría si Liam estaba en problemas por esto.
Mordí mi labio, pensando. Tal vez podría ir y ser otro testigo, entonces de esa manera cuando él empiece algo primero podría decir que fue en defensa propia también. Otro testigo ayudaría sin duda a su caso. Oh, mierda, ¡Liam me va a matar por esto! Salí corriendo de su casa hacia la mía. Podía oír gritos provenientes de adentro y me detuve, sentí el temor familiar que siempre sentía cuando era una niña. No podía moverme del lugar, era como si estuviera congelada. Podía oír su voz, gritando, y me helaba la sangre —pero esos eran Niall y Liam allí, siempre estaban cuidando de mí, siempre. Podía hacer esto por ellos, todo lo que tenía que hacer era presenciar como él lanzaba el primer golpe.
Me acerqué a la puerta, no estaba cerrada, sólo la empujé.
— ¡Esto es todo por tu maldita culpa! Tú y Amber tenían que abrir sus sucias bocas y decirle a Harry lo que pasó. Has arruinado todo para mí, todo, pedazo de mierda. Debería haber empujado a tu jodida madre por las escaleras o algo así, cuando me dijo que estaba embarazada de ti —gritó mi padre enojado.
Gemí a causa de las horribles palabras que acababa de decirle a mi hermano. Mi padre siempre fue desagradable pieza, pero eso fue bajo, incluso para él.
Escuché una explosión y un gemido, así que abrí la puerta, para ver a Liam sosteniendo a Niall, tratando desesperadamente de mantenerlo lejos de mi padre, que estaba parado contra la pared, mirándolos con rabia.
— ¡Así no! Niall, ¡así no! —gritó Liam, a Niall mientras lo sujetaba en sus brazos.
Mi hermano no estaba calmándose. Su rostro estaba rojo de ira, lo único que podía detenerlo cuando estaba así, era yo. Odiaba verme alterada ni algo, era tan sobreprotector.
— ¡Niall, cálmate! —supliqué desesperadamente.
Él dejó de moverse, Liam lo apartó y me miró sorprendido y un poco asustado. Se movió hacia mí y vi a mi padre, moverse al mismo tiempo, estaba mucho más cerca de mí que Liam, y estaba bloqueando su camino. Ni siquiera tuve tiempo de alejarme antes de que agarrara mi muñeca, apretándola fuerte, su cara enojada y roja. Me estremecí mientras me apretaba más fuerte haciendo al dolor disparar por mi brazo. Intenté sacar mi brazo con rapidez, pero él no lo soltaba.
— ¡Tú! ¡Tú maldita arruinaste todo! —me gritó, hundiendo sus uñas en mi piel. No podía respirar.
— ¡Déjala ir, ahora! —ordenó Liam, luciendo tan enojado que realmente me asustó.
Mi padre se volvió hacia él, aun sujetándome con fuerza.
— ¡Vete a la mierda! Es mi hija —le espetó él, tirando de mi brazo, haciéndome perder mi equilibrio y tropezar más cerca suyo. Podía oler el alcohol en su aliento, haciéndome sentir enferma. Giré y tiré de mi brazo, tratando de liberarme. Todavía no me dejaba ir, así que puse mi mano sobre su pecho y lo empujé tan fuerte como pude. Él no se movió ni un centímetro. Vi su mano moverse y cerré los ojos sabiendo que me iba a golpear.
Su mano conectó con mi cara, haciéndome sentir como si mi cabeza hubiera explotado. Me caí hacia atrás y me estrellé en el aparador. Dolor como nunca había sentido en mi vida se disparó a través de mi estómago y mi espalda baja. Era como si alguien me hubiera apuñalado. Me aferré al aparador, tratando de mantenerme en pie mientras siseaba a través de mis dientes. Niall pasó por encima y me agarró tirando de mí hacia abajo sobre el piso, sentándonos abajo apoyándonos en el aparador.
—Mierda. Ambs, ¿estás bien? —preguntó con desesperación, acunando mi cabeza contra su pecho.
Envolví mis brazos alrededor de mi estómago, tratando de respirar a través del dolor.
—No —gruñí. ¡Oh, no, estaba perdiendo el bebé!— ¿Liam? ¿Dónde está Liam? — pregunté, abriendo los ojos y mirando alrededor por él, pero apenas podía ver nada, porque mis ojos estaban llenos de lágrimas. Podía oír ruido gruñidos y gemidos. Oh Dios, él no está... ¡Por favor, dime que no está

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